martes, 21 de mayo de 2013

Capitulo 41. Esto es demasiado.




 Me llevó tres intentos tratar de formular una buena excusa para evitar mi nerviosismo, me di cuenta que el problema se agravaba por el movimiento de mi manos, que temblaban sin control. -¿Madison? –Volvió a cuestionarme. Su tono de voz estaba lleno de nerviosismo, mi respiración comenzó a hacerse cada vez entrecortada. Alzó las cejas mirándome a los ojos tratando de adivinar que me estaba sucediendo.

 -No es nada, a veces me pasa…-Dije tratando de sonreír.

 -¿Estas segura que te sientes bien? –Esta vez el entrecerró los ojos, y yo como una retrasada mental, comencé a afirmar con mi cabeza a mil revoluciones por segundo. No me miró muy convencido, estaba consiente que mis neuronas morían una a una.

 -Creo que me sentiría mejor si me recuesto. –Bill afirmó inmediatamente y me ayudó a recostarme, cada uno de sus movimientos me dolían. Nada podía empeorar más mi estado de ánimo aunque tuviera a Bill a un ladito. Comencé respirar normalmente, tenia que buscar la manera de calmar la angustia en mi pecho. Cerré los ojos, expulsando todo el aire de mis pulmones. El se recostó a mi lado, y mirándome fijamente, buscaba la manera de mantener su mirada con la mia.

 -¡Vamos Madison! Dime que es lo que sucede antes que comience a desquiciarme. –Sentí como cada musculo de mi cuerpo se ponía rígido…

 -Cosas Bill. –Pronuncie su nombre pausadamente, mientras me sentaba en la cama evitando su mirada pero al final no pude evitarlo y vi como se le descompuso acompañada de una mueca. –No quiero incomodarte por mis cosas. –Dije justificándome. Se humedeció los labios mientras lo miraba a detalle.

-Te entiendo… -Dijo con un tono seco. – ¿Acaso tu actitud es por Matt? –Mis ojos se abrieron como platos, ante su pregunta, El que Bill pronunciara su nombre dolió, me había tomado desprevenida. Era un punto vulnerable, No sé en cuantos segundos mi cabeza tardó en digerir sus palabras, me aclaré la garganta nerviosa, con el temor de que mi cuerdas vocales no produjeran sonido alguno.

 -Pues… -Contesté algo afónica. Decidí no continuar, el nudo que se me había formado en la garganta, me desconcentraba. Cerré los ojos con fuerza con una culpabilidad infinita. Yo le estaba haciendo daño, lo estaba lastimando, y él ni siquiera se daba cuenta. Paso su mano tibia por mi mejilla, despojando una lagrima de mi rostro sin que yo me diera cuenta.

 -¿Lo extrañas? –Preguntó sereno… Sentí un ardor en la garganta, por culpa del gigantesco nudo… comencé a agitarme, sentí como mi presión subía. Bill hizo que me incorporara y me atrajo hacia a él y me abrazó. Comencé a llorar, mi cuerpo convulsionaba sin que yo pudiera controlarlo. No podía mirarlo, me sentía como una basura. Bill estaba en lo correcto, yo estaba extrañando a Matt demasiado. Dirigí mi mirada con la suya y me sequé las lágrimas con la manga de mi blusa.

 -Esto es demasiado. –Negué.

 -¿Qué es demasiado? –No pude responder y me quedé callada unos largos segundos. -¡Por Dios Madison, dime que es demasiado! –Su voz mostraba frustración. -¡Háblame! –Prácticamente me rogó.

 -¡Todo esto! –Le contesté en un tono más alto de que él había utilizado. –Yo estaba enamorada, había encontrado al hombre de mi vida y me quedé sin el ¿Te parece poco? –Se tensó, mientras yo intentaba no mirarlo, me quedé callada y a notar que seguía sin responder él negó con la cabeza, estaba dispuesto a levantarse e irse cuando lo tomé firme del brazo. -Y después llegas tú y… -Lo obligué a que me mirara a los ojos. –Haces que mi dolor desaparezca, y no tengo la más remota idea porque la vida me quitó a Matt y te puso en mi camino. –Comencé a hipar, el llanto no iba a tardar en hacerse presente. –Te quiero y quiero que lo sepas de una vez. –Me tiré a sus brazos como una niña chiquita y hundí mi cabeza en su cuello. Tomó de mis hombros y hasta obligarme a verlo a los ojos.

 -Madison, Creo que todo esto ha sido un error. –La mirada se me descompuso.

 -E… ¿Error? -Tartamudeé con dificultad. -¿Qué quieres decir con error? – Se pasó la mano en la cara desesperado. 

-Respeto todo lo que tú y Matt vivieron. –Tenía la mirada cristalina. –No puedo estar bajo su sombra todo el tiempo. –Negué.

 -No estás bajo su sombra Bill, no tienes idea de lo que dices... –Desvié la mirada, las lágrimas comenzaron a brotarme de nuevo por los ojos. –Tengo miedo de perderte. –Lo miré a los ojos con expectativa.

 –Sé que jamás podré estar en contra de tus sentimientos. Pero lo que siento por ti es inexplicable Madison. –Me miró con suplica. En ese momento reaccioné, Brooke tenía razón esto había llegado demasiado lejos, Bill me estaba entregando todo, incluidos sus sentimientos. Al ver su rostro apagado, mostró un comportamiento vulnerable que no pude con ello. Algunas lagrimas seguían escapándose derramándose por mis mejillas.

 –Perdóname si te hice sentir mal con mi comportamiento, el tema aun duele, no te haré daño y es enserio Bill, Te quiero. –Le tomé de las mejillas pasando la yema de mis dedos sobre su rostro cálido. El solamente miró sus manos.

 –No me gusta verte llorar. –confesó, yo nada más me limité a sonreír. –Y más cuando sé que no puedo hacer nada por hacerte sentir mejor. –Lo tomé de las mejillas dándole un beso fugaz.

 –Tu mirada me hace sentir mejor. –Sentí una corriente por mi espina dorsal, la mirada de Bill me provocó un choque eléctrico. Sin decir ninguna palabra, tomé su rostro y lo atraje al mío. –Prometo no hacer nada estúpido para alejarte de mí. –Me sentí un poco mejor al decir eso, ya que me estaba obligando a mí misma a no hacer nada. Profundice un poco más el beso, Bill se separó.

 -Tú no podrías hacer nada estúpido Madison, eres perfecta… -Yo negué con la cabeza volviendo a juntar nuestros labios de nuevo y separarlos para hablar nuevamente.

 -No tienes idea de lo retorcida que puede ser mi mente. –Traté de hacer un cometario relacionado a mis pensamientos de los dos últimos días. Bill me tomó con más fuerza y prácticamente quedó encima de mí.

-No lo digas así… -Enterró sus uñas en mi brazos levemente sin hacerme daño, y jadeó junto a mi oído, aproveché ese movimiento para besarle el cuello.

 -¿Por qué? –Pregunté, pero estaba más enfocada en sus besos. Bill se separó y se levantó, me invitó a incorporarme junto con él.

 -Se escucha increíblemente sexy… -Sonrió de medio lado. –Madison… -Yo lo miré con atención, sus mejillas se tornaron rosadas. –Quiero pasar esta noche contigo. –Yo sonreí de miedo lado, mordiéndome el labio inferior.

 -Creí que nunca me lo pedirías... –me besó fugazmente.

 -¿Eres capaz de irte conmigo ahora? –Abrí mis ojos como platos y permanecí callada unos segundos, mientras Bill me miraba con expectación.

 -Espérame un momento. –No lo dude ni dos veces.

Tomé la primera pijama que encontré y la metí a una mochila junto con mis cosas de aseo personal, me sentí como una adolescente, guardé un par de jeans y una blusa verde, algo formal pero sencilla, también metí unas flats color hueso.
Caminamos sin hacer ningún ruido, y bajamos cuidadosamente las escaleras. Tomé una hoja de papel y un bolígrafo de la oficina de Frank y les deje una nota a él y a mamá.

 Mama, Frank: Pasaré la noche con Bill, no quise despertarlos pero no se preocupen, regresaré hasta mañana… 
Los quiero. Madison.

 Dejé la nota aprisionada con unos imanes en el refrigerador, tratando de pensar cual sería mi castigo. Bill me tomó de la mano y me besó fugaz.

 -¿Nos vamos? –Preguntó con media sonrisa. Yo nada más me limité a asentir.

 -¡Espera! –Bill se paró en seco. –Mi abrigo. –Dije con cara de circunstancia, mientras él sonreía.

 Rápidamente nos subimos al auto, Bill me dirigió una mirada de complicidad antes de encender el motor de su flamante vehículo. Le acaricié la mejilla mientras él ponía la velocidad para poder avanzar, el atrapó mi caricia y besó el dorso de mi mano, pude sentir escalofríos, pude sentir mis mejillas sonrojarse. Salimos a la autopista, miré el reloj del auto de Bill y esté marcaba las 23:45 no era muy tarde, y la casa de Bill no estaba tan lejos.
Después de 15 minutos llegamos, caballerosamente abrió la puerta del auto para ayudarme a bajar y se colgó mi pequeño equipaje improvisado al hombro. Al llegar a la puerta, introdujo la llave en la cerradura y la abrió lentamente, parece que él tampoco quería hacer ruido, me cedió la entrada, para después tomarme del brazo y llevarme a su recamara. Mi respiración estaba agitada al llegar a su habitación, mis manos sudaban, era un total manojo de nervios. Bill se encogió en hombros.

 -Esa puerta es el baño, por si quieres ponerte cómoda. –Me sugirió con algo de vergüenza.

 Caminé hacia él y tomé el bolso con mis cosas y lo aprisioné a mi cuerpo y pasé por el umbral de la puerta. El cuarto de baño era inmenso, tenía un closet envidiable calculé que era diez veces más grade que el mío, al parecer pasaba mucho tiempo en este lugar ya que contaba con un pequeño sofá y una mesita con cientos de revistas, en el otro costado, se encontraba la regadera y una tina, estudié cada detalle rápidamente y me miré al espejo, mis ojos todavía estaban algo hinchados, me recargué en el lavamanos… ¡Me veía espantosa! Me quité el abrigo y lo tendí en un costado, y busqué rápidamente la pijama, era un short rosa con rayas blancas que hacía juego con un camisón rosa ¿En qué estaba pensando? Con lo frío del ambiente, seguramente me congelaría. Negué con la cabeza en repetidas ocasiones mientras me la coloqué completamente distraída imaginando en lo que pasaría cuando saliera.

 Abrí la puerta con discreción, la puerta de entrada estaba abierta y Bill había desaparecido. ¿Y ahora? Dije en mis adentros, miré la habitación más a detalle y me senté en la orilla de la cama, estaba tan ordenada que tenía miedo de deshacerla observé con detalle su habitación, estaba demasiado limpia, comencé a jugar con mis dedos, escuché la puerta abrirse. Me estudió con la mirada y se rasco la cabeza.

 –Fui a cambiarme a la habitación de Tom. –Yo asentí nerviosa.

 -Debo suponer que sabe que estoy aquí. –El asintió y se acercó un poco más hacia donde me encontraba e hizo un ademán para invitarme a acostarme, tragué saliva con pesar.

Me cubrí con las sabanas y se acostó a mi lado, sentí que el corazón se me saldría del pecho, giré para verlo a los ojos mientras el observaba un punto muerto en el techo. Bajé la mirada hacia mi dedos que jugueteaban desesperados con la sábana, al regresar la mirada, el me miraba detenidamente, hice lo mismo y sonreí aunque no salió demasiado convincente.

 –Tus ojos. –Dijo mientras su expresión se suavizaba un poco.

 – ¿Están muy hinchados? –Pregunté preocupada, Lo sabía, debía verme espantosa, él se relamió los labios y negó con la cabeza.

 –No, son demasiado expresivos… y hermosos. –Se inclinó hacia mí para darme un cálido beso en la mejilla, mi primera reacción fue esconder mi rostro en su cuello, el dejó escapar una risita, pude sentir su aliento en mi oreja, haciéndome estremecer hasta la punta de los pies. Deposité un tierno beso en su cuello y me volví a enfocar en su mirada, con su mano libre acomodó dulcemente el cabello para dejar libre mis hombros y besarlo sin obstáculos, yo sonreí feliz. Si, estaba demasiado feliz.

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