jueves, 28 de febrero de 2013

Up In Flames Capítulo 3: Ilusiones Esfumadas.







Ya habían pasado tres días desde mi cita con Khloé y no tenía noticias de ella, cada cinco minutos miraba el móvil para ver si había un mensaje, llamada o algo que me hiciera saber de ella. Mi estado de ánimo estaba por los suelos. Me vi tentado miles de veces a irla a ver a su departamento pero todo se esfumó cuando me di cuenta que su auto no estaba en el lugar que le correspondía  ¿Se habría mudado? Eliminé esa teoría, nos hubiéramos dado cuenta de la mudanza. Obligué a Tom a acompañarme al restaurante donde habíamos ido en nuestra primera y única cita. Le pregunté al mesero si Khloé había venido a comer, este me dijo que la última vez que la había visto, había sido conmigo.
 Me sentía cada vez más frustrado. Era el sexto día que pasaba sin saber nada de ella, me resigné al hecho de volverla a ver; Tom me  había sugerido eso así que decidí hacerle caso. Era sábado por la noche, mi hermano tuvo la flamante idea de llevarme a un club para despejarme del  tema llamado Khloé. Acepté a regañadientes, caminamos hacia el elevador y presionamos el botón, este venia subiendo a nuestro piso así que esperamos unos segundos los cuales utilicé para idear un plan y regresar temprano a casa. Una silueta familiar emergió cuando las puertas se abrieron de par en par, mi corazón se detuvo al verla pero no estaba sola, venia tomada del brazo de un sujeto y estos reían. Al darse cuenta de nuestra presencia fijaron los ojos en nosotros, mi hermano y yo nos miramos por una milésima de segundo,  su mirada me decía: “Olvídalo y vámonos” lo pude entender perfectamente. Ella se descolocó al verme y chico pareció notarlo, me miró fijamente  jalando un poco el brazo de su acompañante para salir del elevador. Mi rostro no mostraba expresión, solamente quería apretar con mis propias manos el cuello de ese sujeto.  Al pasar a mi lado Khloé me dedicó una leve sonrisa, como si nunca hubiera pasado nada, una sonrisa llena de cortesía y compromiso. No había sido capaz de saludarme o dirigirme la palabra quedé estático al ver como se alejaban caminando por el pasillo, el sujeto la pegaba más a su cuerpo y ella se aferraba a él.
–Bill. –La voz de mi hermano rompió mi ensoñación. –Vámonos. –Me pidió, le di un último vistazo a la parejita y apreté la mandíbula tratando de evitar que se formara un estúpido nudo en mi garganta. – ¿Estas bien? –El idiota de Tom comenzaría con sus preguntas estúpidas.
–Ya, déjalo pasar. –Dije secamente.  Estaba tratando de no explotar y desquitarme con él a golpes.
–Bill, ¿Estás seguro… –Lo interrumpí.
– ¡Ya déjalo pasar con un carajo! –Le grité a mí gemelo, este frunció el ceño molesto con mi actitud. El trayecto al club fue en silencio, comencé a sentir algo de culpabilidad por haberle gritado a Tom. –Lo siento. –Dije tomando todo el aire que me permitían mis pulmones.
–Sé que lo sientes, Bill. –Me sonrió de medio lado. –Esta noche nada más te tienes que divertir, no eres el primero, ni el ultimo que sufre por una chica. ¿Ok? –Asentí. Era lo más reconfortante que me había dicho durante el día.
Llegamos al famoso club, nos habíamos quedado de ver con unos amigos y la mayoría ya nos estaban esperando. La música fuerte y la imagen de Khloé con el tipo ese, me estaban carcomiendo la mente. Llegó la primera ronda de bebidas y luego la segunda. Decidí ir por algo más fuerte por mi cuenta, le dije a Tom sobre mi plan de estacionarme en la barra, no estaba muy convencido pero no me dijo nada. Me estacioné en uno de los lugares disponibles en la barra.
– ¡Hey amigo! –Saqué un billete de cien dólares y se los tendí al bar-tender.  –Si me atiendes bien, al final de la noche te daré otro de estos. –Él sonrió y enseguida me ofreció algo de tomar. Comencé con un whisky en las rocas, después se volvieron  dos, luego tres y al final terminé perdiendo la cuenta. Después de dejarle una buena propina al bar-tender, me levanté despacio de la silla y el piso se movió y una necesidad de fumar un cigarrillo me invadió, esquivé mesas e intenté llegar hacia donde mi hermano. Tom tenía sumergida la lengua en la garganta de su nueva conquista. Bufé. Tomé una de las bebidas que estaban a su lado, al parecer no notó mi presencia y me las tomé de un solo trago. Me dirigí hacia la salida, una ansiedad de ver a Khloé me invadió por completo. Caminé hacia donde estaba el Valet y pedí un taxi. Saqué mi móvil y le marqué a Tom; como era de esperarse con el ruido, no atendería el teléfono así que le deje un mensaje de voz: Tom, Soy Bill. Estoy yendo al departamento porque estoy muy borracho. –Reí. –Nos vemos en casa. 

Al llegar al edificio, tomé rápidamente el elevador y me tambaleé al entrar. Al llegar a mi piso, sabía que Khloé estaba también. Necesitaba preguntarle porque no me había llamado. Caminé decidido a su puerta envalentonado por el alcohol.
–Khloé, sé que estás ahí abre la puerta… Por favor. –Supliqué. – ¿Por qué no me llamaste? –Volví a golpear la puerta un poco más fuerte. Escuché unos pasos y la puerta se abrió. Sentí la sangre hervir del coraje cuando el sujeto abrió la puerta, se encontraba sin camisa y me miró molesto.
– ¿Quién eres tú y que es lo que quieres? –Preguntó enfadado.
–Necesito hablar con ella, Ahora. –Dije amenazante. El sujeto sonrió de lado.
–Pues, no son horas para hablar con ella, está descansado. –Su tono de voz era fastidioso.
– ¡KHLOÉ! –Grité, al mismo tiempo intenté entrar. El sujeto me dio un empujón. – ¡No me toques, imbécil! –Usé todas mis energías para darle un empujón lo suficientemente fuerte para poder entrar al departamento, pero rápidamente sentí una presión en el labio y seguidamente un dolor inexplicable y me revolqué en el piso del dolor, seguido otro golpe más cerca del oído.
– ¡¿Qué rayos sucede aquí?! –Esa era la voz de Khloé. Yo seguía en el piso retorciéndome del dolor a causa de los golpes. – ¡Rob, Déjalo! –Sentí otro golpe en el pómulo derecho. ¡Mierda! – ¡Te he dicho que pares! –El tono de su voz era desesperado. – ¡Bill! –Dijo mi nombre algo angustiada, intenté incorporarme, pero todo me daba vueltas. El pómulo me latía intensamente. Me recargué en la pared.
–Khloé… –El aire me faltaba. – ¿Por qué no me llamaste? –La voz me salía ahogada.
–Bill. ¿Estás Borracho? –Bufé desesperado.
–Respóndeme. –Prácticamente le rogué. –Yo necesito saber porque carajos no me llamaste. Dijiste que lo harías. –mi ritmo cardiaco estaba acelerado con solo tenerla cerca.
–Lo siento, no creí que te sintieras así. No se me ocurrió llamarte. –Se encogió en hombros.
– ¿Y ese beso en la mejilla? –Pregunté desesperado. La voz se me quebró. – ¿Y el paseo en la playa?
– Todo lo hice porque fuiste bueno conmigo, quería regresarte el favor… Habíamos quedado a mano. ¿Cierto?  –Eso era verdad, intenté levantarme. –Agárrate de mí. –Ignoré su agarre. Y me levanté por mí mismo. Esto no tenía que estarme sucediendo a mí. Pasé junto al sujeto, que al final resultó llamarse Rob. –Bill… –La miré. –Lo siento.
Caminé con dificultad hacia mi departamento, metí la llave y entré me acosté en la cama y móvil rompió el silencio. Era Tom.
– ¿Bill eres tú? – Lo necesitaba a mi lado. – ¿Ya estás en casa?
–Sí, ¿puedes venir rápido? –Le pedí.
– ¿Qué  sucede? –Preguntó Tom preocupado.
–Te necesito.
Dos semanas después del incidente en el departamento de Khloé me sentía mejor, los golpes habían desaparecido casi por completo, la fecha del contrato de nuestra nueva casa sería firmado hoy, era algo que a Tom tenía muy contento, mientras a mí no tanto. Hice lo imposible por no encontrarme a Khloé en el edificio durante dos semanas, tuve uno que otro que intento fallido, pero era como si yo no existiera. El personal de la mudanza, trabajaba con las últimas cosas, me senté en la meseta de la cocina, viendo como trabajaban. Mi móvil comenzó a sonar. Era un número que no conocía, luego de pensarlo dos veces decidí contestar.
– ¿Diga? –Dije aburrido.
– ¿Habla Bill? –Preguntó con algo prisa.
– ¿Quién habla? –Pedí saber.
–Habla Rob, el amigo de Khloé.  – ¿Amigos? Me tensé por completo, sentí coraje. –Por favor escucha y no cuelgues. –Me quedé rígido. –Todo lo que te dijo aquella noche es mentira. Ella te estaba evitando, al final esto no ha resultado como ella esperaba. –El corazón se me detuvo por una milésima de segundo. –Lamento haberte golpeado, no supe cómo reaccionar. –Dijo con voz más apagada. –Haría lo que fuera por ella, así que por esa razón decidí llamarte. –Por fín logré parpadear, me había olvidado de hacerlo.
– ¿Esta en casa ahora? –Le pregunté sintiendo unas ganas incontrolables de correr.
–Sí. Bill antes de que cuelgues, no le digas que yo te llamé. –Me pidió suplicante.
–No lo haré. –Colgué de inmediato. Me bajé de inmediato  pegando un salto y caminé con dirección a su departamento.
Me detuve frente a la puerta, suspiré y le di varios golpecitos desesperados, puse escuchar claramente como le quitaba el cerrojo y los seguros.  Abrió los ojos como platos al verme. Era ahora o nunca. Tome sobre mis manos su pálido rostro y la jalé hacia mí, nuestro labios se juntaron por primera vez. Miles de sensaciones explotaron en mi interior, mis labios temblaban, estaba completamente sorprendido de mi mismo. Al mirarla a los ojos nuevamente pude ver como una lágrima descendía  por sus mejillas. Ella rodeó mi cintura con sus delgados brazos.
–Bill, ¿Por qué lo haces? –Preguntó  enseguida. Subió sus manos hacia mi cara y entrelazó sus dedos con mi cabello.
–Porque alguien me dijo no tenía que preocuparme por el mañana. ¿Recuerdas? –Ella sonrió con pesar. Y asintió.
–Por primera vez en mucho tiempo estoy preocupada. –dijo en un susurro. –Pero gracias por haber tocado a mi puerta. –nuestro labios volvieron a juntarse, haciendo que el beso se hiciera desesperado. Podía sentir mi rostro hervir. –Lamento no haberte llamado. –dijo rápidamente antes de que volviera a atacar sus labios.
–Lamento haberte hecho un escándalo e irrumpir en tu departamento por no llamarme. –Khloé sacó una de sus mejores sonrisas, sentí mi corazón descender por mi garganta.
–Lamento haberte ignorado dos veces en el pasillo. –Y seguíamos con los lamentos… Sonreí.
–Dejemos el tema hasta aquí. –Le pedí.
– ¿Por qué viniste a buscarme? –agachó la cabeza y miró sus manos mientras soltaba mi cintura. Quería decirle la verdad, que ese tal Rob me había llamado motivándome a buscarla. Pero algo me dijo que no debía hacerlo.
–Tom y yo conseguimos casa en Bel air, es nuestra última noche y necesitaba verte. –Nos quedamos callados por unos segundos.
– ¿Te vas? –Me cuestionó quedito.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Up In Flames Capítulo 2 : La primera Cita.









 Al final de cuentas, pude dormir hasta un poco después del mediodía,  deseé dormir un poco más pero no me sentía cansado, caminé con pesar hasta al cuarto de baño. Me miré al espejo antes de entrar a la ducha y al mirar mi reflejo en el  cristal una bofetada de realidad cayó sobre mí, en mi cabeza comenzaron a flotar un montón de preguntas.  ¿Cómo debía de comportarme? ¿Dejaré que ella pague la cuenta del restaurante? Total, ella fue la que invitó por estar, según ella en “Deuda” conmigo. –No seas estúpido. –Me dije a mi mismo para posteriormente entrar a la ducha. Me bañe con calma, sin prisas pensando en cómo me había metido en semejante situación, más que nada estaba ATERRADO, tenía que aceptar que la chica tenía lo suyo y que la emoción de mi hermano no era en vano. Me enrollé la toalla en la cadera y caminé hasta el armario para decidir lo que usaría, la puerta se abrió y era Tom con un vaso de jugo, tenía la cara algo hinchada haciéndome ver que también acababa de despertarse.
–Buenos días. –No le respondí y seguí haciendo lo mío. –Te traje un poco de jugo.
–Gracias.  –Caminé hasta el para tomar el vaso. Cuando Tom siente culpabilidad tendía a ser muy amable  y  lo que  menos quería era hacerlo sentir mal, así que le di un sorbo al jugo nada más para demostrarle mi gratitud, pero realmente mi estómago estaba revuelto por los nervios, pero no le dirigí ni una mirada.
–Bill escucha, si no quieres salir con la chica no tienes que hacerlo. –Me llevé las manos al rostro. –Siento haberte presionado. 
–No Tom, no puedo dejar a la chica así nada más.  –confesé. Mientras extendía la ropa que usaría en la cama, mi hermano se sentó en la orilla de esta.
– ¿Tienes miedo? Has salido con mujeres antes. –Trató de calmarme con eso pero él sabía que no funcionaría.
-Pero no en estas situaciones, a las otras las conozco y sólo son amigas mientras Khloé… -Exhalé para explicarle con calma. –No sé, tengo un presentimiento. -Tom se levantó rápidamente de un salto de la cama.
–Relájate, pasará lo que tenga que pasar… Te dejo para que termines de alistarte. –Salió de mi habitación y comencé a vestirme con cierta emoción.
Me paré enfrente de la puerta temeroso y le pegué dos golpecitos.
– ¡VOY! – Escuché del otro lado. Comencé a repasar por mi mente todos los consejos que me había dado Tom antes de salir. Pude escuchar los pasos torpes de la chica acercándose. Y enseguida apareció. Su semblante era cansado y ocultaba unas leves ojeras con un poco de maquillaje sin parecer exagerado, pero sus ojos estaban cristalinos y hermosos.  Mi mente dejo de funcionar y comenzaba a olvidarme como respirar, ella vestía unos pantalones algo cortos  y una blusa de un color claro y una chamarra que la hacía verse increíblemente tierna.
–Hola Bill. –sonrió con  y me saludó dándome un leve abrazo, sin pegar mucho su cuerpo con el mío.
–Hola. –Coloqué mis manos en los bolsillos traseros de mis Jeans, nos miramos durante unos largos segundos sin saber qué hacer. – ¿Nos vamos? –Le indiqué. Ella asintió mientras se colocaba un hermoso sombrero.
–Cómo eres mi invitado… –Dijo sin mucha preocupación mientras caminábamos al elevador.  –Yo seré la piloto de este día. –Paré en seco, recordando la noche de ayer. Ella me miró desconcertada.
– ¿Estas Bromeando? –Dije un poco exaltado mientras el rostro de la chica nada más emitía extrañeza. –He visto como manejas, tengo veintiuno  y no quiero morir joven, tengo una vida por delante. –Dije mientras cruzaba mis brazos haciendo un intento no sonreír. Ella hizo una rara mueca que no tenía significado para mí.
–Pues, a mí me importa vivir en el ahora  y no me la paso pensando en lo que pasará mañana, así que lo tomas o lo dejas. –Respondió firme, sin darme opción de contestar. Tenía razón, ese era mi lema. –Deja de preocuparte tanto. –Me dio un golpecito en el hombro antes de entrar al elevador.  Le cedí el paso, como el caballero que soy y ella me dio las gracias.
Ahí estábamos de nuevo en el lugar donde nos habíamos visto por primera vez, apreté el botón que dirigía hacia el estacionamiento del edificio y me coloqué mis gafas oscuras. –Solamente te quiero pedir una cosa Bill… –Dijo mientras ella también se acomodaba un poco el cabello.        –Me gustaría escoger el restaurante. Claro, si no te importa. Soy Vegetariana. –Mis ojos se abrieron como platos ¡Vaya esta chica me estaba cayendo bien! Claro con la excepción de sus habilidades de manejo.
-Me alegra saberlo Khloé, también soy vegetariano. –Sonreí tímidamente.  Ella hizo lo mismo, las puertas del elevador se abrieron y caminamos hacia su auto, se veía más bonito de cerca. –Un clásico, me gusta. –Dije mientras abría la puerta del conductor.
-Regalo de graduación. –dijo mientas se subía y encendía el motor. Me coloqué el cinturón y aferré las uñas al asiento sin hacerle daño a las vestiduras, ya que el sonido del motor sonó ahogado. Respiré profundamente esperando a que la adrenalina corriera por mis venas.
El sol estaba lindo, sentí algo raro en el estómago… tenía hambre, eran las más de las dos de la tarde y solamente le había dado un sorbo al jugo de naranja que Tom me había dado. En unos de los semáforos aprovechó a colocar el estéreo, sacó el casette y me miró. –Un favor, ¿me puedes pasar las cajitas que están guantera? –Dijo seria, la obedecí y giré la manija del pequeño compartimiento este se abrió, habían cajitas perfectamente acomodadas con nombres escritos con una manuscrita perfecta. Leí rápidamente, Queen, The Beatles ¿Janis Joplin? No quise verme muy observador así que se las di mientras la veía con interrogante.
–Khloé... –Me aclaré la garganta y ella no me miró pero me prestó atención, ya que se estaba demasiado ocupada con la música. – ¿Alguna vez escuchaste de los Cd´s? ¿Reproductores Mp3? ¿Ipods? –Ella soltó una carcajada encantadora.
–No soy anticuada, simplemente me gusta lo clásico. –Metió el casette al reproductor y comenzó a sonar algo muy de los setentas le subió el volumen y comenzó a cantar… al parecer era algo de los Beatles… si, de ellos conocía sus voces y esa canción tan sugerente, ella tenía las manos al volante mientras cantaba, bastante bien por cierto.  Llegamos al estacionamiento del restaurante.
Se bajó rápidamente del auto dando pequeños saltitos, parecía tener demasiada energía  mientras que yo bajé con algo de pesar, el restaurante era lindo, caminó rápidamente hasta el interior y se posicionó en una de las mesas yo mientras yo iba tras de ella tratando de seguirle el paso, un joven se le acercó y le sonrió con demasiada familiaridad.
– ¡Hola Khloé! ¿Lo de siempre? –Ella frunció el labio y se llevó un dedo a la boca.
–Estem… –Dijo dudando. – ¡Sí!  Ensalada Toscana sin vinagreta y gran vaso a de agua con hielos. –La miré fijamente el contraste con el sol hacia verla más bonita, ella me miró fijamente y yo hice lo mismo, alzó las cejas algo confundida. –Y bien… –Sonrió. –Marc quiere saber qué ordenarás. –frunció los labios tratando de ocultar una sonrisa. Me ruboricé al instante y lo disimulé mirando la carta, ni siquiera la leí.
–Lo mismo que la señorita. –Intenté hablar claro, ya que me moría de la vergüenza. El camarero nos sonrió y desapareció rápidamente. –Nunca había venido a este restaurante, parece que a ti te conocen bien. –Hable pausadamente tratando de hacer el olvidar mi estupidez al quedar embobado con su rostro. Ella se acomodó en su lugar me sonrió.
–Sí, llevo dos semanas viniendo diario desde que inicié mis vacaciones. –Se aclaró la garganta, el tal Marc llegó con nuestros vasos con agua con twist de limón, ella se apresuró a dar el primer trago.
– ¿Resaca? –Sonreí intentando de hacerle un poco de burla.
– ¡Bleh! –Agitó la mano restándole importancia. –Han estado peores.
Nuestras ensaladas llegaron, platicamos de todo un poco, Khloé era demasiado fresca, sencilla y con un gran sentido del humor, su sonrisa era contagiosa. Después de la comida nos fuimos rumbo a la playa, me entró un poco de nervios sin saber porque. Hablamos de música, tenía un gusto “casi” impecable ya que no había escuchado ni una canción de Tokio Hotel.
 Mientras caminábamos descalzos cada uno con sus zapatos en la mano ella se colocó enfrente de mí y comenzó a caminar de espaldas mirándome sonriente.
– ¡Vamos Bill! Enséñame a maldecir en alemán –Me pidió. Yo me negué ante su pegunta inocente, soltó una pequeña sonrisa y me animó tocándome el hombro. – ¡Por favor! –Juntó sus manos suplicando.
– ¿Cómo porque quieres aprender a maldecir en alemán? –Ella dudó un segundo y se paró en seco.
–Como para descargar mi frustración, por ejemplo. –Sus ojos casi se cierran por la gran sonrisa que me dedicó, yo me volví a negar Khloé frunció la boca y se cruzó en brazos. Enseguida comencé a reír.
–Está bien, está bien… La más común  es “Scheisse” –Ella estalló en risas, me reí junto con ella me agradaba. – ¿Por qué te ríes? –Pregunté al fin.
–Es que lo dices demasiado bonito y ni siquiera sé lo que significa.  –Rió, negué con la cabeza.
–Significa, Mierda. –Me miró y se puso seria enseguida curvó los labios en forma de “O”. Nos quedamos en silencio y continuamos caminado unos segundos después…
– ¡SCHEISSE! –Gritó a todo pulmón, yo pegué un pote y la miré rápidamente, me había asustado. Comenzó a reír de nuevo. – ¡Vamos Bill! Descarga tu frustración junto conmigo. Aparte, lo dices bonito.  –Volvió a gritar, yo miré a mí alrededor para verificar si alguien nos observaba, no era común escuchar a gente gritar maldiciones en alemán en medio de la playa.
– ¡SCHEISSE! –Grité al fin. Khloé me miro con un rostro serio, como si mi grito la hubiera ofendido. Bajé los brazos de golpe, ella me miró mientras caminaba cuesta arriba en dirección al auto – ¿Qué? –Pregunté apenado.
– ¿Qué clase de loco eres para estar gritando maldiciones en la playa? –Alcé las cejas incrédulo, curvó los labios evitando una sonrisa.
– ¡Tú me obligaste a hacerlo! –extendí los brazos dando la razón.
–Estás loco, yo no te obligué. –Por fin sus labios se ensancharon y me miro burlonamente, aceleré el paso para alcanzarla.
Comenzaba a anochecer así que decidimos regresar al edificio, platicamos poco en el trayecto de regreso al parecer el buen humor de Khloé había desaparecido por completo. Cuando llegamos ya era de noche, estacionó su auto en el espacio que le correspondía y nos dirigimos al elevador. Rápidamente recordé su rostro triste y pálido cuando la vi por primera vez, la miré fugazmente y estaba completamente seria. ¿Qué la habría puesto así? Las puertas del elevador se abrieron.
–Te acompaño hasta tu puerta. –Le ofrecí amablemente.
–Gracias. –Sonrió con algo de dificultad, sentí la necesidad de volverla a escuchar reír como en la playa, no pude evitar a hacer una mueca disimulada. Y ahí estaba esa puerta otra vez, la razón de nuestra cita.
–Espero que tus llaves estén en ese bolso. –Ironicé, por fin sonrió  y suspiré agradecido por ese gesto.
–No te preocupes, esta vez no lograron escapar. –Dijo mientras abría la puerta. Se paró a un lado de esta y me miró fijamente. –Muchísimas gracias por todo Bill.
–No tienes que agradecerme. –Le pedí.
– ¿Quedamos a mano? –Preguntó rápidamente. ¿A mano? Fruncí las cejas sin entender. –Por el favor de ayer. –Dijo, recordándome ¡Vaya! era por eso. Asentí  rápidamente, no quería que cruzara esa puerta, sentía la necesidad de estar con ella. Pude ver como entraba a su departamento y por instinto dejé caer toda mi fuerza con la mano para evitar que cerrara, ella me miró con los ojos como platos.
–Lo… Lo siento. –Tartamudeé. –Khloé… si necesitas algo, ir a maldecir en la playa en otros idiomas o cualquier cosa que se te ocurra. Por favor… –Rebusqué en las bolsas de mis pantalones, saqué la cartera buscando una tarjeta con mi número. –Llámame. –Ella miró la tarjeta al parecer debatía en su interior si tomarla o no, esa acción dolió pero al final la tomó algo temblorosa.  ¿Qué había sucedido con la risueña de hace unas horas? Sonrió con pesar. Rápidamente se acercó hacia mí para darme un fugaz beso en la mejilla. Mi estómago se oprimió al sentir sus labios sobre la piel.
–Lo haré… –Eso fue lo último que dijo antes de cerrar la puerta, me quede unos segundos tratando de digerir lo que había sucedido.
Sentía mis piernas adormiladas, saqué las llaves del departamento y abrí, Al cruzar el umbral Tom estaba envuelto en una frazada con un bote lleno de palomitas al mirarme inmediatamente las dejó a un lado.
– ¡Pero mira quien acaba de llegar! El mismísimo Bill Kaulitz. –Se burló.
–Basta ya, Tom. –Me dejé caer en el sofá junto a mi hermano, robándole un buen puño de palomitas.
– ¿Y Bien? –Me animó. – ¿Cómo estuvo? ¿Resulto ser una psicópata como decías? –Negué con la cabeza sonriente. – ¡Wow! Mírate hermanito…
–Es increíblemente simpática. –Dije intentando recordar todo lo bueno de la cita. –Me sentí demasiado cómodo con su compañía, conduce terrible y es vegetariana. –Tom carraspeó incitando a que le agradezca, él prácticamente me había obligado a salir con Khloé.
– ¿La besaste? –Preguntó rápidamente.
–No seas estúpido Tom, no la besé aunque al final solo me besó la mejilla. –Sentí nuevamente raro el estómago al recordar su contacto. Tom sonrió con suficiencia.
–Es oficial, tu primera cita fue un éxito y todo gracias al increíble hermano gemelo que tienes. –Sonrió.
–No fue una cita, solo fue en agradecimiento por darle mi ayuda. –Tom hizo cara de fastidio.
–Da igual… –Me aventó un cojín de la sala, rápidamente le regresé el ataque me sentía diferente, como si nadie pudiera quitarme la dicha que pasé  en esa cita.

martes, 26 de febrero de 2013

Up In Flames Capítulo 1




Con cuidado estacioné el auto en el lugar donde nos correspondía se veía tétrico, una de las lámparas del estacionamiento parpadeaba en señal de morir y dejar en penumbras en cualquier momento. Negué con la cabeza muchas veces mientras maldecía. Pagamos miles de dólares para poder vivir en el exclusivo condominio ¿No podían arreglar las luces? O mínimo… ¿Cambiarlas? De un fuerte azote cerré la puerta del automóvil ¡Vamos! ¡Lo admito! Mi estúpido mal humor salió a flote luego de perder una apuesta igual de estúpida como mi humor, así que me vi con la obligación de hacer las compras de la semana. Abrí  la cajuela del auto con pesar y caminé hacia la esquina del estacionamiento en busca de un carrito para poner mis cosas, ya que tenía un número excesivo de bolsas de papel y estos eran útiles para subirlos al elevador. Mire a ambos lados en buscando al del servicio, para que me ayudara al subir mis compras al carrito. Y nada. Caminé hacia el elevador y le piqué al botón verde y esperé un momento a que se abrieran las puertas, entré junto con el carrito y presioné de nuevo el botón, me quedé parado unos segundos esperando a que estas se cerraran y me miré a los espejos mientras me quitaba mis gafas obscuras. Un sonido retumbó las puertas del elevador provocándome un brinco por el susto, me aferré de los agarres del carrito al verla. Al mirarla a los ojos, pude notar que los tenía rojos, señal inequívoca de que había estado llorando. Llevaba  sus zapatos y su chaqueta aferrados a ella. Automáticamente me coloque en la esquina del elevador.  Su cuerpo diminuto se tambaleó un poco, y se sostuvo como pudo me miró y sonrió con pesar. El aspecto que tenía no era nada bueno, sentí algo de pena ajena y no pude evitar sentir lástima por ella.
– Disculpa. –La llamé caballerosamente ella me miró con una especie de dolor en el rostro. – ¿A qué piso te diriges? –Pregunté algo nervioso.
–Décimo. – Contestó con voz flojita. Asentí,  ¡Vaya!  Era el mismo piso donde Tom y yo nos quedábamos momentáneamente mientras buscábamos residencia en Los Ángeles.  El elevador comenzó a subir, me entretuve viendo como los números cambiaban de manera ascendente,  pasó sus dedos  entre su cabello y se lo acomodó un poco, tosió, al hacer esto su cuerpo tamaleó y se agarró como pudo del barandal del elevador parecía que iba a desfallecer, me acerqué rápidamente a ella vacilando si ayudarle a sostenerse.
– ¿Te encuentras bien? –Hice un intento por tomarla del hombro, ella alzó la mano para evitar que la tocara, me puse rígido y me sentí inútil, solo intentaba ayudar.
–Sí, no te preocupes. –Dijo casi en un susurro. –Solamente es uno de esos días donde sale todo mal. –Intentó justificarse, hice una mueca sin entender, ella no tenía por qué darme esa explicación. –Gracias por la preocupación. –La puerta del elevador de abrió y caminó con pesar sosteniéndose de las paredes. Tomé el carrito con las compras y caminé hasta la puerta del departamento,  fijé mi mirada en la chica,  estaba a dos departamentos del mío, no me fijé si entró ya que abrí rápidamente la puerta, y entré con mis cosas. Tiré las llaves en la mesita de centro de la sala. Tom me miraba con una mueca de burla al verme llegar con el carrito.
– ¿Encontraste todo? –Me cuestiono mi hermano, mientras yo estaba intentando procesar el incidente con la chica. Afirmé solamente con la cabeza, mi hermano me miró por unos segundos y enseguida preguntó.
– ¿Y ahora, porque esa cara? –Dijo colocándose sus manos detrás de la nuca.
–Una chica casi se desmalla en el elevador. –Dije señalando con el pulgar hacia la puerta. Tom se encogió en hombros y en ese momento reaccioné. – ¿Me puedes ayudar a acomodar todo esto tarado? –Dije algo enfadado, Tom se acercó y me dio una palmadita en la espalda.
–No tengo la culpa de ser tan bueno jugado Jenga. –Rolé los ojos cansado de sus burlas.
–Tom, solo apostamos que el que perdiera iba por las compras, no en acomodarlas… así que ¡Ayúdame!  –Le exigí.  Mi hermano comenzó a sacar el contenido de las bolsas a regañadientes, luego de terminar saqué el carrito y lo coloqué a un lado de la puerta del elevador para que un encargado después lo bajara. De regreso hacia mi puerta, o pude evitar dirigir una mirada a la puerta de aquel departamento.


– ¡Llegaremos tarde si no te mueves más rápido! –La voz de mi hermano sonaba molesta.
–No es necesario que  grites.  –Dije colocándome mis lentes y caminando a paso extremadamente lento, solo para enfadar a Tom.
– ¡Bill! –Me amenazó, mientras yo sonreía con malicia mientras cruzaba el marco de la puerta. Caminamos hacia el elevador  y un taconeo me distrajo era  la misma chica que había visto tres días atrás al borde del desmallo. Entró apurada al elevador  junto con nosotros. Tom se recargó en las paredes del elevador, mientras yo me puse en el lado de los botones presionando el botó de “Lobby”  La chica me miró y me regaló una sonrisa, sus mejillas estaban pálidas a pesar de su mirada cristalina, miré disimuladamente a mi hermano y su vista estaba eclipsada con el trasero de la chica, evité una sonrisa. Un silencio incomodó reinó el lugar, al salir, la chica se dirigió en dirección opuesta caminando rápidamente.
–Iré por el auto. –Dijo mi hermano algo distraído. –Espérame aquí.  –Obedecí, mientras miraba mis zapatos. Unas llantas rechinaron sobre el asfalto, lo primero que se me vino a la mente fue Tom haciendo un poco de alarde con su Audi nuevo, pero un Mustang  convertible de esos modelos antiguos salió haciendo todo ese ruido, era esa chica pasó enfrente de mí en una milésima de segundo a toda velocidad y detrás de esta venía mi hermano a la velocidad de un caracol. Me subí con cuidado y nos dirigimos a un nuevo club.
La música ya me aburría un poco y me lastimaba un poco los oídos colándose  por mis pensamientos, masajeé mis sienes con mis dedos, evitando así sentir  dolor. Miré a mi hermano y este platicaba con una nueva conquista, caminé decidido hacia él.
– ¡Tom! –El volumen de la música era tanto que ni se inmutó. -¡TOM! –Grité algo desesperado. Me dirigió una mirada y me estudió por completo.
– ¿Qué sucede? –Me puso toda su atención.
–Me duele un poco la cabeza, quiero dormir. –Le pedí, el curvó los labios haciendo una especie de mueca y miró intermitentemente a la chica. Se mostró algo decepcionado.
–Vamos, para que descanses. –Me dio una palmadita en la espalda, mientras yo negué.
–No te preocupes, puedes quedarte… Tomaré un Taxi. –Negó con la cabeza.
–No voy dejar  que vayas solo. –Giré los ojos y le regresé la palmadita restándole importancia. –Mejor, llévate el auto, yo le diré a esa preciosura que me lleve cuando terminemos. –Sacó una sonrisa triunfal y alzó las cejas en repetidas ocasiones. Tomé las llaves y me subí al auto y manejando sin dirección avancé unas cuantas calles, lo bueno de vivir en Los Ángeles es que hay tiendas de todo tipo abiertas,  hasta que encontré una farmacia 24 horas. Compré unas aspirinas para el dolor y unos cuantos dulces. De regreso al edificio, me estacioné cuidadosamente.  Al salir del elevador escuche unos golpes.
– ¡Maldición! –Gritaba la chica, pateando con sus tacones la puerta de su departamento. Me quedé estático observado. – ¡Estúpida puerta!   -Volvió a patear. Lanzando su bolso con una mano hacia la puerta, mientras con la otra sostenía una botella. -¡Estúpidas llaves!  -Vi claramente como llevó su cuerpo hacia atrás para tomar impulso y lanzarse hacia la puerta cerrada, su cuerpo se tambaleó y se sentó en el suelo mientras lloriqueaba, estaba ebria. Caminé lentamente hacia donde se encontraba, la chica le pegó un gran trago a su botella mientras lloriqueaba y maldijo silenciosamente.
– ¿Necesitas ayuda? –Ella alzó la mirada hacia mi dirección.
–Vete. –Volvió a darle un gran trago a aquel líquido transparente el cual parecía ser Vodka.  Miró la botella y la lanzó con fuerza contra la pared, la botella se rompió en pedacitos.  No di crédito a lo que me dijo y a lo que hizo, pude haberla ignorado, dejarla ahí tirada en su borrachera, total no era mi problema, pero intenté razonar con ella.
– ¡Hey! Tranquila, sólo quiero ayudarte ¿No puedes entrar? –Pregunté intentando adivinar.
– ¿Qué no es obvio? –Me fulminó con la mirada. –Se me olvidaron las putas llaves y el estúpido móvil ahí dentro. –Seguidamente le dio un fuerte puñetazo a la puerta, se quejó. La miré con una mueca de molestia, su actitud me enfadó.
–En vista que no quieres que te ayude, mejor me voy. –Me levanté con dirección hacia mi departamento.
– ¡No! ¡No,no,no! Espera… -Dijo en un susurro.  La ignoré mientras buscaba las llaves, y abrir la puerta, llegó a mi lado tambaleándose.
– ¿Qué? –Giré y me crucé de brazos mirándola con cierta superioridad, yo no me iba a estar con jueguitos.
–Lo siento. –Agachó la cabeza y miró sus manos. –Estoy ebria y… Lo siento. –Volvió a repetir. Decidí dejar la mirada desafiante aun lado, relajando mi rostro pero continué con los brazos cruzados. Respiró guardando un poco de compostura y evitar tambalearse, extendió la mano.
–Me llamo Khloé. –Tardé unos segundos en comprender y extendí la mano sintiendo un débil apretón de su parte.
–Bill. –Dije mirándola a los ojos. Eran hermosos, pero tristes.
–Escucha Bill. –Repitió mi nombre con delicadeza. La interrumpí.
–Sí, ya sé que lo sientes. –Abrí  puerta. – no te apures. –Le cedí el paso y con un ademán la invité a pasar, entró temerosa con dirección a la sala y me miró. –Iré a buscar la guía de servicios para llamar a un cerrajero ¿Te parece bien? – Ella asintió, mientras me quitaba el abrigo y lo colocaba en un gancho tras la puerta y dejé la bolsa donde estaban las aspirinas y los dulces en la meseta de la cocina. –Mientras tanto puedes ponerte cómoda. –Vaciló unos segundos antes de sentarse, tomé el libro y me fui directamente a la letra “C” de Cerrajero, tomé el móvil con una mano, mientras con la otra intentaba no perder el número.  -¡Listo! El sujeto vendrá en un momento. –Ella sonrió.  – ¿Deseas algo de tomar? –Le pregunté sintiéndome la persona más extrovertida del planeta. Suelo ser muy tímido con las mujeres o a lo mejor el estado de ebriedad de esta chica era tanto que me volví inmune. Me levanté a la cocina y pude sentir que me siguió.
–Vodka está bien. – Dijo señalando una botella que Tom había comprado hace unos días. La miré rápidamente.
–Creo que has tenido suficiente por hoy.  –Dije poniendo enfrente de ella dos vasos de cristal, uno para mí y otro para ella y los llené con un poco de agua. Me senté a  en la las sillas del desayunador. Saqué dos aspirinas y las lancé a mi boca, pasándolas por mi garganta con un trago de agua. Ella Estudió la casa completa y fijó su mirada en una esquina.
– ¿Tocas la guitarra? –Puso sus manos sobre su barbilla recargándose y habló con voz increíblemente hermosa. -¡Vamos! Tócame algo… -Dijo mordiéndose el labio inferior y se acercó peligrosamente a mi rozando el dorso de sus dedos sobre mi brazo, pude sentir como mi poros se despertaban uno a uno. Era de esas chicas extrovertidas de las que siempre temí. Exhale de golpe el aire de mis pulmones antes de contestar.
–No… es, mía. –Tartamudeé, curvó los labios en señal de sorpresa invitándome a continuar. –Es de mi hermano. –soltó un leve “Uhhm”  luego de unos segundos continuo con una voz parlanchina.
–Y dime muchacho… –dijo mientras giraba en una de las sillas de la barra, sus movimientos eran torpes. - ¿Qué haces para ganarte la vida?   -Me quedé callado unos segundos. Ella me miró directamente a los ojos esperando respuesta.
–Tengo una banda de rock. –Dije sin hacer mucho alarde. Tomé el vaso con agua y me lo coloqué en los labios y le di un débil trago.  Ella entrecerró la mirada tratando de estudiarme haciendo sentirme realmente nervioso. La inmunidad se me estaba acabando. Ella me imitó y le dio un delicado sorbo al líquido transparente.
– ¿Discos vendidos? –Soltó de golpe.
–Unos varios millones. –Volví a tomar mi vaso para darle el último trago. Ella sonrío y se colocó un mechón de su hermosa cabellera tras su oreja. -¿Y tú qué haces para vivir? –Pregunté para evitar más preguntas de su parte. Sus ojos se abrieron como platos y se puso algo nerviosa.
– ¿Para vivir? –Me miró con algo de ironía mientras preguntaba, se aclaró la garganta. Yo asentí dejando un poco más clara la pregunta.  –Soy egresada de la universidad de Yale  pero me estoy tomando unas largas vacaciones. –Nos quedamos callados unos cuantos segundos.
– ¿Bill? –Le respondí con una mirada, pude ver su rostro algo pálido. –Necesito un baño. –Dijo histéricamente tapándose la boca con la mano.
 –Al final del pasillo. –Automáticamente la seguí, mientras ella corría rápidamente, cerró la puerta en mis narices, era de suponerse que ese cuerpo tan diminuto no podía tolerar tanto alcohol. Me coloqué a un lado de la puerta, por si necesitaba algo. Pero un sonido provino de la entrada… Tom. Esperé unos segundos  hasta que apareció.
– ¿Qué haces ahí? –Me miró con una mueca, le hice un ademán de que guardara silencio y que metiera a su habitación. -¿Qué diablos te sucede? –Llegó hasta mi lado y hable con un susurro.
– ¡Silencio!  Hay una chica ahí dentro, ve a dormir… Yo me las arreglo. –Dije empujándolo a otra dirección.
– ¡¿Qué?! ¿Una chica? –El imitó mi tono de voz. Asentí. -¡Ajá! Con que ese era tu desesperación por irte de la fiesta. Rolé los ojos y negué varias veces con la cabeza, el timbre rompió el silencio.
– ¡Mierda! El cerrajero… -Tom, me empujó obligándome a verlo a los ojos.
– ¿Qué carajos sucede aquí? –Me exigió, le regresé el empujón para dirigirme hacia la puerta. -¡BILL! –siguió susurrado. Caminé hacia la puerta y la abrí y un señor de menos de un metro setenta apareció sosteniendo una caja de herramientas. Alzó la mirada para verme.
–Ahora lo atiendo, Disculpe. –Caminé de nuevo hasta el final del pasillo, mientras Tom me miraba atónito. Le di unos golpecitos a la puerta. – ¿Khloé? Llegó el cerrajero. –La puerta se abrió y su semblante estaba peor.
–Lo siento. –Salió mirándome fugazmente directo hacía la salida, al pasar por la sala Tom la estudió con la mirada y se encontró con el cerrajero. –Es en el departamento 1003. –Dijo con voz débil, el cerrajero se dio la vuelta y  ella me miró fijamente. –Gracias por todo Bill. –Me miró completamente colorada. –Lamento haber sido grosera contigo, ya sabes… alcohol. –Afirmé junto con ella.
–No te preocupes, ten por seguro que mañana tendrás una buena resaca. –Reí, ella hizo lo mismo.
–Adiós Bill, Gracias de nuevo. –Me observo apenada.
–No hay de qué. –Dio media vuelta y se dirigió a su puerta la cual el cerrajero comenzaba trabajar concentradamente.  Estaba a punto de cerrar la mía cuando me llamó de nuevo.
– ¡Bill! –La miré nuevamente dándole toda mi atención. Se quedó callada unos segundos sin saber cómo comenzar –Este… mira, como te dije estoy de vacaciones y en unos días me iré. –La vi notablemente nerviosa. –La verdad, no conozco a nadie en los Ángeles. –Cerró los ojos intentado continuar. – ¡Maldición!  –Se habló a sí misma. Temblaba más de lo normal y no me miraba a los ojos. Sonreí nervioso, comencé a suponer cuál era su propósito. Miré a mi hermano y este tenía la mandíbula hasta el suelo de pura impresión. – ¿Te gustaría ir a comer algo mañana? –Habló tan rápido que me costó entenderle. –Para reponer el favor que me hiciste. –Mi corazón comenzó a latir con fuerza, volví a mirar a mi hermano  fugazmente y su rostro mostraba emoción e hizo unos ademanes con los brazos incitándome a contestarle a la chica. Mi mente se quedó en blanco sin saber que decir, su mirada se fue apagando poco a poco al no escuchar mi respuesta pero me había tomado completamente desprevenido, de pronto sentí una fuerte presión en el brazo lo suficientemente para causarme dolor. Salí de trance y mi hermano ya estaba junto a mí para salvarme de esa situación embarazosa.
–No te preocupes hermosa, estoy seguro que mi hermanito querrá ir a comer algo contigo. ¿No es verdad Bill? –Tom me obligó verlo a los ojos y así lo hice, seguidamente miré a Khloé y tenía las mejillas coloradas y seguramente yo estaba peor.
–Digo… Si tienes cosas que hacer, lo entenderé y lo dejamos para otro día. –Contestó rápidamente. Me sentí mal escuchar su voz entrecortada, pero no se reaccionar en situaciones así. Tom usó un poco más de  fuerza para hacerme hablar.
–N…no, digo ¡Sí! ¡Claro! –Tartamudeé y retiré mi abrazo de su agarre disimuladamente. –Mañana está bien.  –Mi hermano trataba de disimular una mueca de emoción y no era para menos, ya que podría decirse que era mi primera cita.
Mi hermano y yo nos aseguramos que el cerrajero terminara su trabajo y después de eso Khloé entró a su departamento. Me aseguré de cerrar la puerta con fuerza, la suficiente para hacerle ver a Tom mi molestia.
– ¡¿Qué rayos te sucede idiota?!  -Grité fuera de mis casillas. Tom me miró sin mostrar expresión, como era de suponerse se hizo el desentendido. 
– ¿A mí? –Se apuntó a sí mismo. Lo miré exasperado, odiaba cuando me respondía con una pregunta, me di la media vuelta para irme de mi habitación, me había enojado que me haya obligado a salir con esa chica. –Lo que realmente sucede, es que te morías de ganas de decirle que si a esa joven. Te conozco. –Tom caminaba tras de mi rápidamente asegurándose que escuchara cada una de sus palabras. Paré en seco y me giré mirándolo a los ojos.
– ¡Como sea! Eso no te daba derecho de meter tu gran narizota. –Mi hermano se mostró rendido ante mi reclamo, pude ver como su mirada llena de seguridad se esfumó.
–Está bien, está bien… Sé que hice mal en entrometerme. –Por fin aceptó y se recargó en el marco de la puerta, cruzándose de brazos. –Pero no tiene nada de malo aparte, solo irán a comer algo  eso no quiere decir que vayas a tener sexo con ella. –Lo miré con asco.
– ¡Puede ser una Psicópata!  -Le confesé asustado. –Tú no viste como lanzó su cuerpo sobre la puerta de su departamento, tampoco fuiste testigo de ver como lanzaba una botella de Vodka por los aires. –El fingió sorpresa ante mis premisas.
– ¡Sí, te creo! Está tan desquiciada que te invito a salir. –Luego se mostró fastidiado. –Bill, la chica estaba borracha y solo quería tener un gesto de agradecimiento por la ayuda que le diste aparte, no tiene cara de psicópata. –Lo miré rendido y me pasé la mano por el rostro, Tom bufó. –Bueno tú ganas, mañana en la mañana iré a verla y le diré que no podrás salir con ella, y te verás patético.
–Basta Tom, no me queda más remedio que salir con ella… -Dije en un susurro. Sonrió triunfal.
– ¿Qué dijiste? –se colocó la mano en el oído haciendo un ademán para escuchar mejor.
–Ya me oíste, así que ya vete que quiero dormir. –Lo corrí de mi habitación.
–Después me estarás dando las gracias. –Puse los ojos en blanco y cerré la puerta para tener un poco más de privacidad.
 Me puse mi ropa de dormir, un pants gris con una playera blanca y me recosté en la cama, esperando que Morfeo viniera a buscarme, pero al parecer este se retrasaría esta noche. Cerré los ojos obligándome a dormir… Nada. Seguramente el sol no tardaría en salir, mi mente seguida procesando lo que sucedió.

lunes, 25 de febrero de 2013

Flash Informativo!

Dios! una disculpa por mantener esto abandonado, y pues se preguntarán, que es lo que sucedió con la Fic. ... pues se me esta haciendo muy dificil eso de escribirla, ya que mi lap es un señor mayor, pero para su tranquilidad si lo he hecho.... tengo una Minific en proceso, dos One Shot que quiero dejarles y tres capitulos mas de "I Belong to You" trataré de colgarlos hoy y en los próximos dias... Les pido una disculpa por ser tan irresponsable... Espero me comprendan y les pido paciencia Las quiero! <3 nbsp="" p="">