Ya habían pasado tres días desde mi cita
con Khloé y no tenía noticias de ella, cada cinco minutos miraba el móvil para
ver si había un mensaje, llamada o algo que me hiciera saber de ella. Mi estado
de ánimo estaba por los suelos. Me vi tentado miles de veces a irla a ver a su
departamento pero todo se esfumó cuando me di cuenta que su auto no estaba en
el lugar que le correspondía ¿Se habría
mudado? Eliminé esa teoría, nos hubiéramos dado cuenta de la mudanza. Obligué a
Tom a acompañarme al restaurante donde habíamos ido en nuestra primera y única
cita. Le pregunté al mesero si Khloé había venido a comer, este me dijo que la
última vez que la había visto, había sido conmigo.
Me
sentía cada vez más frustrado. Era el sexto día que pasaba sin saber nada de
ella, me resigné al hecho de volverla a ver; Tom me había sugerido eso así que decidí hacerle
caso. Era sábado por la noche, mi hermano tuvo la flamante idea de llevarme a
un club para despejarme del tema llamado
Khloé. Acepté a regañadientes, caminamos hacia el elevador y presionamos el botón,
este venia subiendo a nuestro piso así que esperamos unos segundos los cuales
utilicé para idear un plan y regresar temprano a casa. Una silueta familiar
emergió cuando las puertas se abrieron de par en par, mi corazón se detuvo al
verla pero no estaba sola, venia tomada del brazo de un sujeto y estos reían.
Al darse cuenta de nuestra presencia fijaron los ojos en nosotros, mi hermano y
yo nos miramos por una milésima de segundo,
su mirada me decía: “Olvídalo y vámonos” lo pude entender perfectamente.
Ella se descolocó al verme y chico pareció notarlo, me miró fijamente jalando un poco el brazo de su acompañante
para salir del elevador. Mi rostro no mostraba expresión, solamente quería
apretar con mis propias manos el cuello de ese sujeto. Al pasar a mi lado Khloé me dedicó una leve
sonrisa, como si nunca hubiera pasado nada, una sonrisa llena de cortesía y
compromiso. No había sido capaz de saludarme o dirigirme la palabra quedé
estático al ver como se alejaban caminando por el pasillo, el sujeto la pegaba
más a su cuerpo y ella se aferraba a él.
–Bill. –La voz de mi hermano rompió mi
ensoñación. –Vámonos. –Me pidió, le di un último vistazo a la parejita y apreté
la mandíbula tratando de evitar que se formara un estúpido nudo en mi garganta.
– ¿Estas bien? –El idiota de Tom comenzaría con sus preguntas estúpidas.
–Ya, déjalo pasar. –Dije secamente. Estaba tratando de no explotar y desquitarme
con él a golpes.
–Bill, ¿Estás seguro… –Lo interrumpí.
– ¡Ya déjalo pasar con un carajo! –Le grité
a mí gemelo, este frunció el ceño molesto con mi actitud. El trayecto al club
fue en silencio, comencé a sentir algo de culpabilidad por haberle gritado a
Tom. –Lo siento. –Dije tomando todo el aire que me permitían mis pulmones.
–Sé que lo sientes, Bill. –Me sonrió de
medio lado. –Esta noche nada más te tienes que divertir, no eres el primero, ni
el ultimo que sufre por una chica. ¿Ok? –Asentí. Era lo más reconfortante que
me había dicho durante el día.
Llegamos al famoso club, nos habíamos
quedado de ver con unos amigos y la mayoría ya nos estaban esperando. La música
fuerte y la imagen de Khloé con el tipo ese, me estaban carcomiendo la mente.
Llegó la primera ronda de bebidas y luego la segunda. Decidí ir por algo más
fuerte por mi cuenta, le dije a Tom sobre mi plan de estacionarme en la barra,
no estaba muy convencido pero no me dijo nada. Me estacioné en uno de los
lugares disponibles en la barra.
– ¡Hey amigo! –Saqué un billete de cien
dólares y se los tendí al bar-tender. –Si
me atiendes bien, al final de la noche te daré otro de estos. –Él sonrió y
enseguida me ofreció algo de tomar. Comencé con un whisky en las rocas, después
se volvieron dos, luego tres y al final
terminé perdiendo la cuenta. Después de dejarle una buena propina al
bar-tender, me levanté despacio de la silla y el piso se movió y una necesidad
de fumar un cigarrillo me invadió, esquivé mesas e intenté llegar hacia donde
mi hermano. Tom tenía sumergida la lengua en la garganta de su nueva conquista.
Bufé. Tomé una de las bebidas que estaban a su lado, al parecer no notó mi
presencia y me las tomé de un solo trago. Me dirigí hacia la salida, una
ansiedad de ver a Khloé me invadió por completo. Caminé hacia donde estaba el
Valet y pedí un taxi. Saqué mi móvil y le marqué a Tom; como era de esperarse
con el ruido, no atendería el teléfono así que le deje un mensaje de voz: Tom,
Soy Bill. Estoy yendo al departamento porque estoy muy borracho. –Reí. –Nos
vemos en casa.
Al llegar al edificio, tomé rápidamente el elevador y me
tambaleé al entrar. Al llegar a mi piso, sabía que Khloé estaba también.
Necesitaba preguntarle porque no me había llamado. Caminé decidido a su puerta
envalentonado por el alcohol.
–Khloé, sé que estás ahí abre la puerta…
Por favor. –Supliqué. – ¿Por qué no me llamaste? –Volví a golpear la puerta un
poco más fuerte. Escuché unos pasos y la puerta se abrió. Sentí la sangre
hervir del coraje cuando el sujeto abrió la puerta, se encontraba sin camisa y
me miró molesto.
– ¿Quién eres tú y que es lo que quieres?
–Preguntó enfadado.
–Necesito hablar con ella, Ahora. –Dije
amenazante. El sujeto sonrió de lado.
–Pues, no son horas para hablar con ella,
está descansado. –Su tono de voz era fastidioso.
– ¡KHLOÉ! –Grité, al mismo tiempo intenté
entrar. El sujeto me dio un empujón. – ¡No me toques, imbécil! –Usé todas mis
energías para darle un empujón lo suficientemente fuerte para poder entrar al
departamento, pero rápidamente sentí una presión en el labio y seguidamente un
dolor inexplicable y me revolqué en el piso del dolor, seguido otro golpe más
cerca del oído.
– ¡¿Qué rayos sucede aquí?! –Esa era la
voz de Khloé. Yo seguía en el piso retorciéndome del dolor a causa de los
golpes. – ¡Rob, Déjalo! –Sentí otro golpe en el pómulo derecho. ¡Mierda! – ¡Te
he dicho que pares! –El tono de su voz era desesperado. – ¡Bill! –Dijo mi
nombre algo angustiada, intenté incorporarme, pero todo me daba vueltas. El
pómulo me latía intensamente. Me recargué en la pared.
–Khloé… –El aire me faltaba. – ¿Por qué
no me llamaste? –La voz me salía ahogada.
–Bill. ¿Estás Borracho? –Bufé
desesperado.
–Respóndeme. –Prácticamente le rogué. –Yo
necesito saber porque carajos no me llamaste. Dijiste que lo harías. –mi ritmo
cardiaco estaba acelerado con solo tenerla cerca.
–Lo siento, no creí que te sintieras así.
No se me ocurrió llamarte. –Se encogió en hombros.
– ¿Y ese beso en la mejilla? –Pregunté
desesperado. La voz se me quebró. – ¿Y el paseo en la playa?
– Todo lo hice porque fuiste bueno
conmigo, quería regresarte el favor… Habíamos quedado a mano. ¿Cierto? –Eso era verdad, intenté levantarme. –Agárrate
de mí. –Ignoré su agarre. Y me levanté por mí mismo. Esto no tenía que estarme
sucediendo a mí. Pasé junto al sujeto, que al final resultó llamarse Rob.
–Bill… –La miré. –Lo siento.
Caminé con dificultad hacia mi
departamento, metí la llave y entré me acosté en la cama y móvil rompió el
silencio. Era Tom.
– ¿Bill eres tú? – Lo necesitaba a mi
lado. – ¿Ya estás en casa?
–Sí, ¿puedes venir rápido? –Le pedí.
– ¿Qué sucede? –Preguntó Tom preocupado.
–Te necesito.
–Sí, ¿puedes venir rápido? –Le pedí.
– ¿Qué sucede? –Preguntó Tom preocupado.
–Te necesito.
Dos semanas después del incidente en el
departamento de Khloé me sentía mejor, los golpes habían desaparecido casi por
completo, la fecha del contrato de nuestra nueva casa sería firmado hoy, era
algo que a Tom tenía muy contento, mientras a mí no tanto. Hice lo imposible
por no encontrarme a Khloé en el edificio durante dos semanas, tuve uno que
otro que intento fallido, pero era como si yo no existiera. El personal de la
mudanza, trabajaba con las últimas cosas, me senté en la meseta de la cocina, viendo
como trabajaban. Mi móvil comenzó a sonar. Era un número que no conocía, luego
de pensarlo dos veces decidí contestar.
– ¿Diga? –Dije aburrido.
– ¿Habla Bill? –Preguntó con algo prisa.
– ¿Quién habla? –Pedí saber.
–Habla Rob, el amigo de Khloé. – ¿Amigos? Me tensé por completo, sentí coraje. –Por favor escucha y no cuelgues. –Me quedé rígido. –Todo lo que te dijo aquella noche es mentira. Ella te estaba evitando, al final esto no ha resultado como ella esperaba. –El corazón se me detuvo por una milésima de segundo. –Lamento haberte golpeado, no supe cómo reaccionar. –Dijo con voz más apagada. –Haría lo que fuera por ella, así que por esa razón decidí llamarte. –Por fín logré parpadear, me había olvidado de hacerlo.
– ¿Esta en casa ahora? –Le pregunté sintiendo unas ganas incontrolables de correr.
–Sí. Bill antes de que cuelgues, no le digas que yo te llamé. –Me pidió suplicante.
–No lo haré. –Colgué de inmediato. Me bajé de inmediato pegando un salto y caminé con dirección a su departamento.
– ¿Diga? –Dije aburrido.
– ¿Habla Bill? –Preguntó con algo prisa.
– ¿Quién habla? –Pedí saber.
–Habla Rob, el amigo de Khloé. – ¿Amigos? Me tensé por completo, sentí coraje. –Por favor escucha y no cuelgues. –Me quedé rígido. –Todo lo que te dijo aquella noche es mentira. Ella te estaba evitando, al final esto no ha resultado como ella esperaba. –El corazón se me detuvo por una milésima de segundo. –Lamento haberte golpeado, no supe cómo reaccionar. –Dijo con voz más apagada. –Haría lo que fuera por ella, así que por esa razón decidí llamarte. –Por fín logré parpadear, me había olvidado de hacerlo.
– ¿Esta en casa ahora? –Le pregunté sintiendo unas ganas incontrolables de correr.
–Sí. Bill antes de que cuelgues, no le digas que yo te llamé. –Me pidió suplicante.
–No lo haré. –Colgué de inmediato. Me bajé de inmediato pegando un salto y caminé con dirección a su departamento.
Me detuve frente a la puerta, suspiré y
le di varios golpecitos desesperados, puse escuchar claramente como le quitaba
el cerrojo y los seguros. Abrió los ojos
como platos al verme. Era ahora o nunca. Tome sobre mis manos su pálido rostro
y la jalé hacia mí, nuestro labios se juntaron por primera vez. Miles de
sensaciones explotaron en mi interior, mis labios temblaban, estaba
completamente sorprendido de mi mismo. Al mirarla a los ojos nuevamente pude
ver como una lágrima descendía por sus
mejillas. Ella rodeó mi cintura con sus delgados brazos.
–Bill, ¿Por qué lo
haces? –Preguntó enseguida. Subió sus
manos hacia mi cara y entrelazó sus dedos con mi cabello. –Porque alguien me dijo no tenía que preocuparme por el mañana. ¿Recuerdas? –Ella sonrió con pesar. Y asintió.
–Por primera vez en mucho tiempo estoy preocupada. –dijo en un susurro. –Pero gracias por haber tocado a mi puerta. –nuestro labios volvieron a juntarse, haciendo que el beso se hiciera desesperado. Podía sentir mi rostro hervir. –Lamento no haberte llamado. –dijo rápidamente antes de que volviera a atacar sus labios.
–Lamento haberte hecho un escándalo e irrumpir en tu departamento por no llamarme. –Khloé sacó una de sus mejores sonrisas, sentí mi corazón descender por mi garganta.
–Lamento haberte ignorado dos veces en el pasillo. –Y seguíamos con los lamentos… Sonreí.
–Dejemos el tema hasta aquí. –Le pedí.
– ¿Por qué viniste a buscarme? –agachó la cabeza y miró sus manos mientras soltaba mi cintura. Quería decirle la verdad, que ese tal Rob me había llamado motivándome a buscarla. Pero algo me dijo que no debía hacerlo.
–Tom y yo conseguimos casa en Bel air, es nuestra última noche y necesitaba verte. –Nos quedamos callados por unos segundos.
– ¿Te vas? –Me cuestionó quedito.



