miércoles, 27 de febrero de 2013

Up In Flames Capítulo 2 : La primera Cita.









 Al final de cuentas, pude dormir hasta un poco después del mediodía,  deseé dormir un poco más pero no me sentía cansado, caminé con pesar hasta al cuarto de baño. Me miré al espejo antes de entrar a la ducha y al mirar mi reflejo en el  cristal una bofetada de realidad cayó sobre mí, en mi cabeza comenzaron a flotar un montón de preguntas.  ¿Cómo debía de comportarme? ¿Dejaré que ella pague la cuenta del restaurante? Total, ella fue la que invitó por estar, según ella en “Deuda” conmigo. –No seas estúpido. –Me dije a mi mismo para posteriormente entrar a la ducha. Me bañe con calma, sin prisas pensando en cómo me había metido en semejante situación, más que nada estaba ATERRADO, tenía que aceptar que la chica tenía lo suyo y que la emoción de mi hermano no era en vano. Me enrollé la toalla en la cadera y caminé hasta el armario para decidir lo que usaría, la puerta se abrió y era Tom con un vaso de jugo, tenía la cara algo hinchada haciéndome ver que también acababa de despertarse.
–Buenos días. –No le respondí y seguí haciendo lo mío. –Te traje un poco de jugo.
–Gracias.  –Caminé hasta el para tomar el vaso. Cuando Tom siente culpabilidad tendía a ser muy amable  y  lo que  menos quería era hacerlo sentir mal, así que le di un sorbo al jugo nada más para demostrarle mi gratitud, pero realmente mi estómago estaba revuelto por los nervios, pero no le dirigí ni una mirada.
–Bill escucha, si no quieres salir con la chica no tienes que hacerlo. –Me llevé las manos al rostro. –Siento haberte presionado. 
–No Tom, no puedo dejar a la chica así nada más.  –confesé. Mientras extendía la ropa que usaría en la cama, mi hermano se sentó en la orilla de esta.
– ¿Tienes miedo? Has salido con mujeres antes. –Trató de calmarme con eso pero él sabía que no funcionaría.
-Pero no en estas situaciones, a las otras las conozco y sólo son amigas mientras Khloé… -Exhalé para explicarle con calma. –No sé, tengo un presentimiento. -Tom se levantó rápidamente de un salto de la cama.
–Relájate, pasará lo que tenga que pasar… Te dejo para que termines de alistarte. –Salió de mi habitación y comencé a vestirme con cierta emoción.
Me paré enfrente de la puerta temeroso y le pegué dos golpecitos.
– ¡VOY! – Escuché del otro lado. Comencé a repasar por mi mente todos los consejos que me había dado Tom antes de salir. Pude escuchar los pasos torpes de la chica acercándose. Y enseguida apareció. Su semblante era cansado y ocultaba unas leves ojeras con un poco de maquillaje sin parecer exagerado, pero sus ojos estaban cristalinos y hermosos.  Mi mente dejo de funcionar y comenzaba a olvidarme como respirar, ella vestía unos pantalones algo cortos  y una blusa de un color claro y una chamarra que la hacía verse increíblemente tierna.
–Hola Bill. –sonrió con  y me saludó dándome un leve abrazo, sin pegar mucho su cuerpo con el mío.
–Hola. –Coloqué mis manos en los bolsillos traseros de mis Jeans, nos miramos durante unos largos segundos sin saber qué hacer. – ¿Nos vamos? –Le indiqué. Ella asintió mientras se colocaba un hermoso sombrero.
–Cómo eres mi invitado… –Dijo sin mucha preocupación mientras caminábamos al elevador.  –Yo seré la piloto de este día. –Paré en seco, recordando la noche de ayer. Ella me miró desconcertada.
– ¿Estas Bromeando? –Dije un poco exaltado mientras el rostro de la chica nada más emitía extrañeza. –He visto como manejas, tengo veintiuno  y no quiero morir joven, tengo una vida por delante. –Dije mientras cruzaba mis brazos haciendo un intento no sonreír. Ella hizo una rara mueca que no tenía significado para mí.
–Pues, a mí me importa vivir en el ahora  y no me la paso pensando en lo que pasará mañana, así que lo tomas o lo dejas. –Respondió firme, sin darme opción de contestar. Tenía razón, ese era mi lema. –Deja de preocuparte tanto. –Me dio un golpecito en el hombro antes de entrar al elevador.  Le cedí el paso, como el caballero que soy y ella me dio las gracias.
Ahí estábamos de nuevo en el lugar donde nos habíamos visto por primera vez, apreté el botón que dirigía hacia el estacionamiento del edificio y me coloqué mis gafas oscuras. –Solamente te quiero pedir una cosa Bill… –Dijo mientras ella también se acomodaba un poco el cabello.        –Me gustaría escoger el restaurante. Claro, si no te importa. Soy Vegetariana. –Mis ojos se abrieron como platos ¡Vaya esta chica me estaba cayendo bien! Claro con la excepción de sus habilidades de manejo.
-Me alegra saberlo Khloé, también soy vegetariano. –Sonreí tímidamente.  Ella hizo lo mismo, las puertas del elevador se abrieron y caminamos hacia su auto, se veía más bonito de cerca. –Un clásico, me gusta. –Dije mientras abría la puerta del conductor.
-Regalo de graduación. –dijo mientas se subía y encendía el motor. Me coloqué el cinturón y aferré las uñas al asiento sin hacerle daño a las vestiduras, ya que el sonido del motor sonó ahogado. Respiré profundamente esperando a que la adrenalina corriera por mis venas.
El sol estaba lindo, sentí algo raro en el estómago… tenía hambre, eran las más de las dos de la tarde y solamente le había dado un sorbo al jugo de naranja que Tom me había dado. En unos de los semáforos aprovechó a colocar el estéreo, sacó el casette y me miró. –Un favor, ¿me puedes pasar las cajitas que están guantera? –Dijo seria, la obedecí y giré la manija del pequeño compartimiento este se abrió, habían cajitas perfectamente acomodadas con nombres escritos con una manuscrita perfecta. Leí rápidamente, Queen, The Beatles ¿Janis Joplin? No quise verme muy observador así que se las di mientras la veía con interrogante.
–Khloé... –Me aclaré la garganta y ella no me miró pero me prestó atención, ya que se estaba demasiado ocupada con la música. – ¿Alguna vez escuchaste de los Cd´s? ¿Reproductores Mp3? ¿Ipods? –Ella soltó una carcajada encantadora.
–No soy anticuada, simplemente me gusta lo clásico. –Metió el casette al reproductor y comenzó a sonar algo muy de los setentas le subió el volumen y comenzó a cantar… al parecer era algo de los Beatles… si, de ellos conocía sus voces y esa canción tan sugerente, ella tenía las manos al volante mientras cantaba, bastante bien por cierto.  Llegamos al estacionamiento del restaurante.
Se bajó rápidamente del auto dando pequeños saltitos, parecía tener demasiada energía  mientras que yo bajé con algo de pesar, el restaurante era lindo, caminó rápidamente hasta el interior y se posicionó en una de las mesas yo mientras yo iba tras de ella tratando de seguirle el paso, un joven se le acercó y le sonrió con demasiada familiaridad.
– ¡Hola Khloé! ¿Lo de siempre? –Ella frunció el labio y se llevó un dedo a la boca.
–Estem… –Dijo dudando. – ¡Sí!  Ensalada Toscana sin vinagreta y gran vaso a de agua con hielos. –La miré fijamente el contraste con el sol hacia verla más bonita, ella me miró fijamente y yo hice lo mismo, alzó las cejas algo confundida. –Y bien… –Sonrió. –Marc quiere saber qué ordenarás. –frunció los labios tratando de ocultar una sonrisa. Me ruboricé al instante y lo disimulé mirando la carta, ni siquiera la leí.
–Lo mismo que la señorita. –Intenté hablar claro, ya que me moría de la vergüenza. El camarero nos sonrió y desapareció rápidamente. –Nunca había venido a este restaurante, parece que a ti te conocen bien. –Hable pausadamente tratando de hacer el olvidar mi estupidez al quedar embobado con su rostro. Ella se acomodó en su lugar me sonrió.
–Sí, llevo dos semanas viniendo diario desde que inicié mis vacaciones. –Se aclaró la garganta, el tal Marc llegó con nuestros vasos con agua con twist de limón, ella se apresuró a dar el primer trago.
– ¿Resaca? –Sonreí intentando de hacerle un poco de burla.
– ¡Bleh! –Agitó la mano restándole importancia. –Han estado peores.
Nuestras ensaladas llegaron, platicamos de todo un poco, Khloé era demasiado fresca, sencilla y con un gran sentido del humor, su sonrisa era contagiosa. Después de la comida nos fuimos rumbo a la playa, me entró un poco de nervios sin saber porque. Hablamos de música, tenía un gusto “casi” impecable ya que no había escuchado ni una canción de Tokio Hotel.
 Mientras caminábamos descalzos cada uno con sus zapatos en la mano ella se colocó enfrente de mí y comenzó a caminar de espaldas mirándome sonriente.
– ¡Vamos Bill! Enséñame a maldecir en alemán –Me pidió. Yo me negué ante su pegunta inocente, soltó una pequeña sonrisa y me animó tocándome el hombro. – ¡Por favor! –Juntó sus manos suplicando.
– ¿Cómo porque quieres aprender a maldecir en alemán? –Ella dudó un segundo y se paró en seco.
–Como para descargar mi frustración, por ejemplo. –Sus ojos casi se cierran por la gran sonrisa que me dedicó, yo me volví a negar Khloé frunció la boca y se cruzó en brazos. Enseguida comencé a reír.
–Está bien, está bien… La más común  es “Scheisse” –Ella estalló en risas, me reí junto con ella me agradaba. – ¿Por qué te ríes? –Pregunté al fin.
–Es que lo dices demasiado bonito y ni siquiera sé lo que significa.  –Rió, negué con la cabeza.
–Significa, Mierda. –Me miró y se puso seria enseguida curvó los labios en forma de “O”. Nos quedamos en silencio y continuamos caminado unos segundos después…
– ¡SCHEISSE! –Gritó a todo pulmón, yo pegué un pote y la miré rápidamente, me había asustado. Comenzó a reír de nuevo. – ¡Vamos Bill! Descarga tu frustración junto conmigo. Aparte, lo dices bonito.  –Volvió a gritar, yo miré a mí alrededor para verificar si alguien nos observaba, no era común escuchar a gente gritar maldiciones en alemán en medio de la playa.
– ¡SCHEISSE! –Grité al fin. Khloé me miro con un rostro serio, como si mi grito la hubiera ofendido. Bajé los brazos de golpe, ella me miró mientras caminaba cuesta arriba en dirección al auto – ¿Qué? –Pregunté apenado.
– ¿Qué clase de loco eres para estar gritando maldiciones en la playa? –Alcé las cejas incrédulo, curvó los labios evitando una sonrisa.
– ¡Tú me obligaste a hacerlo! –extendí los brazos dando la razón.
–Estás loco, yo no te obligué. –Por fin sus labios se ensancharon y me miro burlonamente, aceleré el paso para alcanzarla.
Comenzaba a anochecer así que decidimos regresar al edificio, platicamos poco en el trayecto de regreso al parecer el buen humor de Khloé había desaparecido por completo. Cuando llegamos ya era de noche, estacionó su auto en el espacio que le correspondía y nos dirigimos al elevador. Rápidamente recordé su rostro triste y pálido cuando la vi por primera vez, la miré fugazmente y estaba completamente seria. ¿Qué la habría puesto así? Las puertas del elevador se abrieron.
–Te acompaño hasta tu puerta. –Le ofrecí amablemente.
–Gracias. –Sonrió con algo de dificultad, sentí la necesidad de volverla a escuchar reír como en la playa, no pude evitar a hacer una mueca disimulada. Y ahí estaba esa puerta otra vez, la razón de nuestra cita.
–Espero que tus llaves estén en ese bolso. –Ironicé, por fin sonrió  y suspiré agradecido por ese gesto.
–No te preocupes, esta vez no lograron escapar. –Dijo mientras abría la puerta. Se paró a un lado de esta y me miró fijamente. –Muchísimas gracias por todo Bill.
–No tienes que agradecerme. –Le pedí.
– ¿Quedamos a mano? –Preguntó rápidamente. ¿A mano? Fruncí las cejas sin entender. –Por el favor de ayer. –Dijo, recordándome ¡Vaya! era por eso. Asentí  rápidamente, no quería que cruzara esa puerta, sentía la necesidad de estar con ella. Pude ver como entraba a su departamento y por instinto dejé caer toda mi fuerza con la mano para evitar que cerrara, ella me miró con los ojos como platos.
–Lo… Lo siento. –Tartamudeé. –Khloé… si necesitas algo, ir a maldecir en la playa en otros idiomas o cualquier cosa que se te ocurra. Por favor… –Rebusqué en las bolsas de mis pantalones, saqué la cartera buscando una tarjeta con mi número. –Llámame. –Ella miró la tarjeta al parecer debatía en su interior si tomarla o no, esa acción dolió pero al final la tomó algo temblorosa.  ¿Qué había sucedido con la risueña de hace unas horas? Sonrió con pesar. Rápidamente se acercó hacia mí para darme un fugaz beso en la mejilla. Mi estómago se oprimió al sentir sus labios sobre la piel.
–Lo haré… –Eso fue lo último que dijo antes de cerrar la puerta, me quede unos segundos tratando de digerir lo que había sucedido.
Sentía mis piernas adormiladas, saqué las llaves del departamento y abrí, Al cruzar el umbral Tom estaba envuelto en una frazada con un bote lleno de palomitas al mirarme inmediatamente las dejó a un lado.
– ¡Pero mira quien acaba de llegar! El mismísimo Bill Kaulitz. –Se burló.
–Basta ya, Tom. –Me dejé caer en el sofá junto a mi hermano, robándole un buen puño de palomitas.
– ¿Y Bien? –Me animó. – ¿Cómo estuvo? ¿Resulto ser una psicópata como decías? –Negué con la cabeza sonriente. – ¡Wow! Mírate hermanito…
–Es increíblemente simpática. –Dije intentando recordar todo lo bueno de la cita. –Me sentí demasiado cómodo con su compañía, conduce terrible y es vegetariana. –Tom carraspeó incitando a que le agradezca, él prácticamente me había obligado a salir con Khloé.
– ¿La besaste? –Preguntó rápidamente.
–No seas estúpido Tom, no la besé aunque al final solo me besó la mejilla. –Sentí nuevamente raro el estómago al recordar su contacto. Tom sonrió con suficiencia.
–Es oficial, tu primera cita fue un éxito y todo gracias al increíble hermano gemelo que tienes. –Sonrió.
–No fue una cita, solo fue en agradecimiento por darle mi ayuda. –Tom hizo cara de fastidio.
–Da igual… –Me aventó un cojín de la sala, rápidamente le regresé el ataque me sentía diferente, como si nadie pudiera quitarme la dicha que pasé  en esa cita.

1 comentario:

  1. aaawwww BILLITO esta enamorandose de esa extraña chica bebedora??? mmmmm kreo ke si :( ykuando no Thomas vanagloriandose de su exito jijiji sabes ke??? kiero leer más!! :) ♥

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