Con cuidado estacioné el auto en el lugar donde nos
correspondía se veía tétrico, una de las lámparas del estacionamiento
parpadeaba en señal de morir y dejar en penumbras en cualquier momento. Negué
con la cabeza muchas veces mientras maldecía. Pagamos miles de dólares para
poder vivir en el exclusivo condominio ¿No podían arreglar las luces? O mínimo…
¿Cambiarlas? De un fuerte azote cerré la puerta del automóvil ¡Vamos! ¡Lo
admito! Mi estúpido mal humor salió a flote luego de perder una apuesta igual
de estúpida como mi humor, así que me vi con la obligación de hacer las compras
de la semana. Abrí la cajuela del auto
con pesar y caminé hacia la esquina del estacionamiento en busca de un carrito
para poner mis cosas, ya que tenía un número excesivo de bolsas de papel y
estos eran útiles para subirlos al elevador. Mire a ambos lados en buscando al
del servicio, para que me ayudara al subir mis compras al carrito. Y nada.
Caminé hacia el elevador y le piqué al botón verde y esperé un momento a que se
abrieran las puertas, entré junto con el carrito y presioné de nuevo el botón,
me quedé parado unos segundos esperando a que estas se cerraran y me miré a los
espejos mientras me quitaba mis gafas obscuras. Un sonido retumbó las puertas
del elevador provocándome un brinco por el susto, me aferré de los agarres del
carrito al verla. Al mirarla a los ojos, pude notar que los tenía rojos, señal
inequívoca de que había estado llorando. Llevaba sus zapatos y su chaqueta aferrados a ella.
Automáticamente me coloque en la esquina del elevador. Su cuerpo diminuto se tambaleó un poco, y se
sostuvo como pudo me miró y sonrió con pesar. El aspecto que tenía no era nada
bueno, sentí algo de pena ajena y no pude evitar sentir lástima por ella.
– Disculpa. –La llamé caballerosamente ella me miró con una
especie de dolor en el rostro. – ¿A qué piso te diriges? –Pregunté algo
nervioso.
–Décimo. – Contestó con voz flojita. Asentí, ¡Vaya! Era el mismo piso donde Tom y yo nos quedábamos momentáneamente mientras buscábamos residencia en Los Ángeles. El elevador comenzó a subir, me entretuve viendo como los números cambiaban de manera ascendente, pasó sus dedos entre su cabello y se lo acomodó un poco, tosió, al hacer esto su cuerpo tamaleó y se agarró como pudo del barandal del elevador parecía que iba a desfallecer, me acerqué rápidamente a ella vacilando si ayudarle a sostenerse.
– ¿Te encuentras bien? –Hice un intento por tomarla del hombro, ella alzó la mano para evitar que la tocara, me puse rígido y me sentí inútil, solo intentaba ayudar.
–Sí, no te preocupes. –Dijo casi en un susurro. –Solamente es uno de esos días donde sale todo mal. –Intentó justificarse, hice una mueca sin entender, ella no tenía por qué darme esa explicación. –Gracias por la preocupación. –La puerta del elevador de abrió y caminó con pesar sosteniéndose de las paredes. Tomé el carrito con las compras y caminé hasta la puerta del departamento, fijé mi mirada en la chica, estaba a dos departamentos del mío, no me fijé si entró ya que abrí rápidamente la puerta, y entré con mis cosas. Tiré las llaves en la mesita de centro de la sala. Tom me miraba con una mueca de burla al verme llegar con el carrito.
– ¿Encontraste todo? –Me cuestiono mi hermano, mientras yo estaba intentando procesar el incidente con la chica. Afirmé solamente con la cabeza, mi hermano me miró por unos segundos y enseguida preguntó.
–Décimo. – Contestó con voz flojita. Asentí, ¡Vaya! Era el mismo piso donde Tom y yo nos quedábamos momentáneamente mientras buscábamos residencia en Los Ángeles. El elevador comenzó a subir, me entretuve viendo como los números cambiaban de manera ascendente, pasó sus dedos entre su cabello y se lo acomodó un poco, tosió, al hacer esto su cuerpo tamaleó y se agarró como pudo del barandal del elevador parecía que iba a desfallecer, me acerqué rápidamente a ella vacilando si ayudarle a sostenerse.
– ¿Te encuentras bien? –Hice un intento por tomarla del hombro, ella alzó la mano para evitar que la tocara, me puse rígido y me sentí inútil, solo intentaba ayudar.
–Sí, no te preocupes. –Dijo casi en un susurro. –Solamente es uno de esos días donde sale todo mal. –Intentó justificarse, hice una mueca sin entender, ella no tenía por qué darme esa explicación. –Gracias por la preocupación. –La puerta del elevador de abrió y caminó con pesar sosteniéndose de las paredes. Tomé el carrito con las compras y caminé hasta la puerta del departamento, fijé mi mirada en la chica, estaba a dos departamentos del mío, no me fijé si entró ya que abrí rápidamente la puerta, y entré con mis cosas. Tiré las llaves en la mesita de centro de la sala. Tom me miraba con una mueca de burla al verme llegar con el carrito.
– ¿Encontraste todo? –Me cuestiono mi hermano, mientras yo estaba intentando procesar el incidente con la chica. Afirmé solamente con la cabeza, mi hermano me miró por unos segundos y enseguida preguntó.
– ¿Y ahora, porque esa cara? –Dijo colocándose sus manos
detrás de la nuca.
–Una chica casi se desmalla en el elevador. –Dije señalando con el pulgar hacia la puerta. Tom se encogió en hombros y en ese momento reaccioné. – ¿Me puedes ayudar a acomodar todo esto tarado? –Dije algo enfadado, Tom se acercó y me dio una palmadita en la espalda.
–No tengo la culpa de ser tan bueno jugado Jenga. –Rolé los ojos cansado de sus burlas.
–Tom, solo apostamos que el que perdiera iba por las compras, no en acomodarlas… así que ¡Ayúdame! –Le exigí. Mi hermano comenzó a sacar el contenido de las bolsas a regañadientes, luego de terminar saqué el carrito y lo coloqué a un lado de la puerta del elevador para que un encargado después lo bajara. De regreso hacia mi puerta, o pude evitar dirigir una mirada a la puerta de aquel departamento.
…
–Una chica casi se desmalla en el elevador. –Dije señalando con el pulgar hacia la puerta. Tom se encogió en hombros y en ese momento reaccioné. – ¿Me puedes ayudar a acomodar todo esto tarado? –Dije algo enfadado, Tom se acercó y me dio una palmadita en la espalda.
–No tengo la culpa de ser tan bueno jugado Jenga. –Rolé los ojos cansado de sus burlas.
–Tom, solo apostamos que el que perdiera iba por las compras, no en acomodarlas… así que ¡Ayúdame! –Le exigí. Mi hermano comenzó a sacar el contenido de las bolsas a regañadientes, luego de terminar saqué el carrito y lo coloqué a un lado de la puerta del elevador para que un encargado después lo bajara. De regreso hacia mi puerta, o pude evitar dirigir una mirada a la puerta de aquel departamento.
…
– ¡Llegaremos tarde si no te mueves más rápido! –La voz de
mi hermano sonaba molesta.
–No es necesario que grites. –Dije colocándome mis lentes y caminando a paso extremadamente lento, solo para enfadar a Tom.
– ¡Bill! –Me amenazó, mientras yo sonreía con malicia mientras cruzaba el marco de la puerta. Caminamos hacia el elevador y un taconeo me distrajo era la misma chica que había visto tres días atrás al borde del desmallo. Entró apurada al elevador junto con nosotros. Tom se recargó en las paredes del elevador, mientras yo me puse en el lado de los botones presionando el botó de “Lobby” La chica me miró y me regaló una sonrisa, sus mejillas estaban pálidas a pesar de su mirada cristalina, miré disimuladamente a mi hermano y su vista estaba eclipsada con el trasero de la chica, evité una sonrisa. Un silencio incomodó reinó el lugar, al salir, la chica se dirigió en dirección opuesta caminando rápidamente.
–Iré por el auto. –Dijo mi hermano algo distraído. –Espérame aquí. –Obedecí, mientras miraba mis zapatos. Unas llantas rechinaron sobre el asfalto, lo primero que se me vino a la mente fue Tom haciendo un poco de alarde con su Audi nuevo, pero un Mustang convertible de esos modelos antiguos salió haciendo todo ese ruido, era esa chica pasó enfrente de mí en una milésima de segundo a toda velocidad y detrás de esta venía mi hermano a la velocidad de un caracol. Me subí con cuidado y nos dirigimos a un nuevo club.
–No es necesario que grites. –Dije colocándome mis lentes y caminando a paso extremadamente lento, solo para enfadar a Tom.
– ¡Bill! –Me amenazó, mientras yo sonreía con malicia mientras cruzaba el marco de la puerta. Caminamos hacia el elevador y un taconeo me distrajo era la misma chica que había visto tres días atrás al borde del desmallo. Entró apurada al elevador junto con nosotros. Tom se recargó en las paredes del elevador, mientras yo me puse en el lado de los botones presionando el botó de “Lobby” La chica me miró y me regaló una sonrisa, sus mejillas estaban pálidas a pesar de su mirada cristalina, miré disimuladamente a mi hermano y su vista estaba eclipsada con el trasero de la chica, evité una sonrisa. Un silencio incomodó reinó el lugar, al salir, la chica se dirigió en dirección opuesta caminando rápidamente.
–Iré por el auto. –Dijo mi hermano algo distraído. –Espérame aquí. –Obedecí, mientras miraba mis zapatos. Unas llantas rechinaron sobre el asfalto, lo primero que se me vino a la mente fue Tom haciendo un poco de alarde con su Audi nuevo, pero un Mustang convertible de esos modelos antiguos salió haciendo todo ese ruido, era esa chica pasó enfrente de mí en una milésima de segundo a toda velocidad y detrás de esta venía mi hermano a la velocidad de un caracol. Me subí con cuidado y nos dirigimos a un nuevo club.
La música ya me aburría un poco y me lastimaba un poco los
oídos colándose por mis pensamientos,
masajeé mis sienes con mis dedos, evitando así sentir dolor. Miré a mi hermano y este platicaba con
una nueva conquista, caminé decidido hacia él.
– ¡Tom! –El volumen de la música
era tanto que ni se inmutó. -¡TOM! –Grité algo desesperado. Me dirigió una
mirada y me estudió por completo.
– ¿Qué sucede? –Me puso toda su atención.
–Me duele un poco la cabeza, quiero dormir. –Le pedí, el curvó los labios haciendo una especie de mueca y miró intermitentemente a la chica. Se mostró algo decepcionado.
–Vamos, para que descanses. –Me dio una palmadita en la espalda, mientras yo negué.
–No te preocupes, puedes quedarte… Tomaré un Taxi. –Negó con la cabeza.
–No voy dejar que vayas solo. –Giré los ojos y le regresé la palmadita restándole importancia. –Mejor, llévate el auto, yo le diré a esa preciosura que me lleve cuando terminemos. –Sacó una sonrisa triunfal y alzó las cejas en repetidas ocasiones. Tomé las llaves y me subí al auto y manejando sin dirección avancé unas cuantas calles, lo bueno de vivir en Los Ángeles es que hay tiendas de todo tipo abiertas, hasta que encontré una farmacia 24 horas. Compré unas aspirinas para el dolor y unos cuantos dulces. De regreso al edificio, me estacioné cuidadosamente. Al salir del elevador escuche unos golpes.
– ¡Maldición! –Gritaba la chica, pateando con sus tacones la puerta de su departamento. Me quedé estático observado. – ¡Estúpida puerta! -Volvió a patear. Lanzando su bolso con una mano hacia la puerta, mientras con la otra sostenía una botella. -¡Estúpidas llaves! -Vi claramente como llevó su cuerpo hacia atrás para tomar impulso y lanzarse hacia la puerta cerrada, su cuerpo se tambaleó y se sentó en el suelo mientras lloriqueaba, estaba ebria. Caminé lentamente hacia donde se encontraba, la chica le pegó un gran trago a su botella mientras lloriqueaba y maldijo silenciosamente.
– ¿Necesitas ayuda? –Ella alzó la mirada hacia mi dirección.
–Vete. –Volvió a darle un gran trago a aquel líquido transparente el cual parecía ser Vodka. Miró la botella y la lanzó con fuerza contra la pared, la botella se rompió en pedacitos. No di crédito a lo que me dijo y a lo que hizo, pude haberla ignorado, dejarla ahí tirada en su borrachera, total no era mi problema, pero intenté razonar con ella.
– ¡Hey! Tranquila, sólo quiero ayudarte ¿No puedes entrar? –Pregunté intentando adivinar.
– ¿Qué no es obvio? –Me fulminó con la mirada. –Se me olvidaron las putas llaves y el estúpido móvil ahí dentro. –Seguidamente le dio un fuerte puñetazo a la puerta, se quejó. La miré con una mueca de molestia, su actitud me enfadó.
–En vista que no quieres que te ayude, mejor me voy. –Me levanté con dirección hacia mi departamento.
– ¡No! ¡No,no,no! Espera… -Dijo en un susurro. La ignoré mientras buscaba las llaves, y abrir la puerta, llegó a mi lado tambaleándose.
– ¿Qué? –Giré y me crucé de brazos mirándola con cierta superioridad, yo no me iba a estar con jueguitos.
–Lo siento. –Agachó la cabeza y miró sus manos. –Estoy ebria y… Lo siento. –Volvió a repetir. Decidí dejar la mirada desafiante aun lado, relajando mi rostro pero continué con los brazos cruzados. Respiró guardando un poco de compostura y evitar tambalearse, extendió la mano.
–Me llamo Khloé. –Tardé unos segundos en comprender y extendí la mano sintiendo un débil apretón de su parte.
–Bill. –Dije mirándola a los ojos. Eran hermosos, pero tristes.
–Escucha Bill. –Repitió mi nombre con delicadeza. La interrumpí.
–Sí, ya sé que lo sientes. –Abrí puerta. – no te apures. –Le cedí el paso y con un ademán la invité a pasar, entró temerosa con dirección a la sala y me miró. –Iré a buscar la guía de servicios para llamar a un cerrajero ¿Te parece bien? – Ella asintió, mientras me quitaba el abrigo y lo colocaba en un gancho tras la puerta y dejé la bolsa donde estaban las aspirinas y los dulces en la meseta de la cocina. –Mientras tanto puedes ponerte cómoda. –Vaciló unos segundos antes de sentarse, tomé el libro y me fui directamente a la letra “C” de Cerrajero, tomé el móvil con una mano, mientras con la otra intentaba no perder el número. -¡Listo! El sujeto vendrá en un momento. –Ella sonrió. – ¿Deseas algo de tomar? –Le pregunté sintiéndome la persona más extrovertida del planeta. Suelo ser muy tímido con las mujeres o a lo mejor el estado de ebriedad de esta chica era tanto que me volví inmune. Me levanté a la cocina y pude sentir que me siguió.
–Vodka está bien. – Dijo señalando una botella que Tom había comprado hace unos días. La miré rápidamente.
–Creo que has tenido suficiente por hoy. –Dije poniendo enfrente de ella dos vasos de cristal, uno para mí y otro para ella y los llené con un poco de agua. Me senté a en la las sillas del desayunador. Saqué dos aspirinas y las lancé a mi boca, pasándolas por mi garganta con un trago de agua. Ella Estudió la casa completa y fijó su mirada en una esquina.
– ¿Tocas la guitarra? –Puso sus manos sobre su barbilla recargándose y habló con voz increíblemente hermosa. -¡Vamos! Tócame algo… -Dijo mordiéndose el labio inferior y se acercó peligrosamente a mi rozando el dorso de sus dedos sobre mi brazo, pude sentir como mi poros se despertaban uno a uno. Era de esas chicas extrovertidas de las que siempre temí. Exhale de golpe el aire de mis pulmones antes de contestar.
– ¿Qué sucede? –Me puso toda su atención.
–Me duele un poco la cabeza, quiero dormir. –Le pedí, el curvó los labios haciendo una especie de mueca y miró intermitentemente a la chica. Se mostró algo decepcionado.
–Vamos, para que descanses. –Me dio una palmadita en la espalda, mientras yo negué.
–No te preocupes, puedes quedarte… Tomaré un Taxi. –Negó con la cabeza.
–No voy dejar que vayas solo. –Giré los ojos y le regresé la palmadita restándole importancia. –Mejor, llévate el auto, yo le diré a esa preciosura que me lleve cuando terminemos. –Sacó una sonrisa triunfal y alzó las cejas en repetidas ocasiones. Tomé las llaves y me subí al auto y manejando sin dirección avancé unas cuantas calles, lo bueno de vivir en Los Ángeles es que hay tiendas de todo tipo abiertas, hasta que encontré una farmacia 24 horas. Compré unas aspirinas para el dolor y unos cuantos dulces. De regreso al edificio, me estacioné cuidadosamente. Al salir del elevador escuche unos golpes.
– ¡Maldición! –Gritaba la chica, pateando con sus tacones la puerta de su departamento. Me quedé estático observado. – ¡Estúpida puerta! -Volvió a patear. Lanzando su bolso con una mano hacia la puerta, mientras con la otra sostenía una botella. -¡Estúpidas llaves! -Vi claramente como llevó su cuerpo hacia atrás para tomar impulso y lanzarse hacia la puerta cerrada, su cuerpo se tambaleó y se sentó en el suelo mientras lloriqueaba, estaba ebria. Caminé lentamente hacia donde se encontraba, la chica le pegó un gran trago a su botella mientras lloriqueaba y maldijo silenciosamente.
– ¿Necesitas ayuda? –Ella alzó la mirada hacia mi dirección.
–Vete. –Volvió a darle un gran trago a aquel líquido transparente el cual parecía ser Vodka. Miró la botella y la lanzó con fuerza contra la pared, la botella se rompió en pedacitos. No di crédito a lo que me dijo y a lo que hizo, pude haberla ignorado, dejarla ahí tirada en su borrachera, total no era mi problema, pero intenté razonar con ella.
– ¡Hey! Tranquila, sólo quiero ayudarte ¿No puedes entrar? –Pregunté intentando adivinar.
– ¿Qué no es obvio? –Me fulminó con la mirada. –Se me olvidaron las putas llaves y el estúpido móvil ahí dentro. –Seguidamente le dio un fuerte puñetazo a la puerta, se quejó. La miré con una mueca de molestia, su actitud me enfadó.
–En vista que no quieres que te ayude, mejor me voy. –Me levanté con dirección hacia mi departamento.
– ¡No! ¡No,no,no! Espera… -Dijo en un susurro. La ignoré mientras buscaba las llaves, y abrir la puerta, llegó a mi lado tambaleándose.
– ¿Qué? –Giré y me crucé de brazos mirándola con cierta superioridad, yo no me iba a estar con jueguitos.
–Lo siento. –Agachó la cabeza y miró sus manos. –Estoy ebria y… Lo siento. –Volvió a repetir. Decidí dejar la mirada desafiante aun lado, relajando mi rostro pero continué con los brazos cruzados. Respiró guardando un poco de compostura y evitar tambalearse, extendió la mano.
–Me llamo Khloé. –Tardé unos segundos en comprender y extendí la mano sintiendo un débil apretón de su parte.
–Bill. –Dije mirándola a los ojos. Eran hermosos, pero tristes.
–Escucha Bill. –Repitió mi nombre con delicadeza. La interrumpí.
–Sí, ya sé que lo sientes. –Abrí puerta. – no te apures. –Le cedí el paso y con un ademán la invité a pasar, entró temerosa con dirección a la sala y me miró. –Iré a buscar la guía de servicios para llamar a un cerrajero ¿Te parece bien? – Ella asintió, mientras me quitaba el abrigo y lo colocaba en un gancho tras la puerta y dejé la bolsa donde estaban las aspirinas y los dulces en la meseta de la cocina. –Mientras tanto puedes ponerte cómoda. –Vaciló unos segundos antes de sentarse, tomé el libro y me fui directamente a la letra “C” de Cerrajero, tomé el móvil con una mano, mientras con la otra intentaba no perder el número. -¡Listo! El sujeto vendrá en un momento. –Ella sonrió. – ¿Deseas algo de tomar? –Le pregunté sintiéndome la persona más extrovertida del planeta. Suelo ser muy tímido con las mujeres o a lo mejor el estado de ebriedad de esta chica era tanto que me volví inmune. Me levanté a la cocina y pude sentir que me siguió.
–Vodka está bien. – Dijo señalando una botella que Tom había comprado hace unos días. La miré rápidamente.
–Creo que has tenido suficiente por hoy. –Dije poniendo enfrente de ella dos vasos de cristal, uno para mí y otro para ella y los llené con un poco de agua. Me senté a en la las sillas del desayunador. Saqué dos aspirinas y las lancé a mi boca, pasándolas por mi garganta con un trago de agua. Ella Estudió la casa completa y fijó su mirada en una esquina.
– ¿Tocas la guitarra? –Puso sus manos sobre su barbilla recargándose y habló con voz increíblemente hermosa. -¡Vamos! Tócame algo… -Dijo mordiéndose el labio inferior y se acercó peligrosamente a mi rozando el dorso de sus dedos sobre mi brazo, pude sentir como mi poros se despertaban uno a uno. Era de esas chicas extrovertidas de las que siempre temí. Exhale de golpe el aire de mis pulmones antes de contestar.
–No… es, mía. –Tartamudeé, curvó
los labios en señal de sorpresa invitándome a continuar. –Es de mi hermano.
–soltó un leve “Uhhm” luego de unos
segundos continuo con una voz parlanchina.
–Y dime muchacho… –dijo mientras
giraba en una de las sillas de la barra, sus movimientos eran torpes. - ¿Qué
haces para ganarte la vida? -Me quedé
callado unos segundos. Ella me miró directamente a los ojos esperando respuesta.
–Tengo una banda de rock. –Dije
sin hacer mucho alarde. Tomé el vaso con agua y me lo coloqué en los labios y
le di un débil trago. Ella entrecerró la
mirada tratando de estudiarme haciendo sentirme realmente nervioso. La
inmunidad se me estaba acabando. Ella me imitó y le dio un delicado sorbo al
líquido transparente.
– ¿Discos vendidos? –Soltó de
golpe.
–Unos varios millones. –Volví a
tomar mi vaso para darle el último trago. Ella sonrío y se colocó un mechón de
su hermosa cabellera tras su oreja. -¿Y tú qué haces para vivir? –Pregunté para
evitar más preguntas de su parte. Sus ojos se abrieron como platos y se puso
algo nerviosa.
– ¿Para vivir? –Me miró con algo
de ironía mientras preguntaba, se aclaró la garganta. Yo asentí dejando un poco
más clara la pregunta. –Soy egresada de la
universidad de Yale pero me estoy
tomando unas largas vacaciones. –Nos quedamos callados unos cuantos segundos.
– ¿Bill? –Le respondí con una
mirada, pude ver su rostro algo pálido. –Necesito un baño. –Dijo histéricamente
tapándose la boca con la mano.
–Al final del
pasillo. –Automáticamente la seguí, mientras ella corría rápidamente, cerró la
puerta en mis narices, era de suponerse que ese cuerpo tan diminuto no podía
tolerar tanto alcohol. Me coloqué a un lado de la puerta, por si necesitaba
algo. Pero un sonido provino de la entrada… Tom. Esperé unos segundos hasta que apareció.
– ¿Qué haces ahí? –Me miró con una
mueca, le hice un ademán de que guardara silencio y que metiera a su habitación.
-¿Qué diablos te sucede? –Llegó hasta mi lado y hable con un susurro.
– ¡Silencio! Hay una chica ahí dentro, ve a dormir… Yo me
las arreglo. –Dije empujándolo a otra dirección.
– ¡¿Qué?! ¿Una chica? –El imitó mi
tono de voz. Asentí. -¡Ajá! Con que ese era tu desesperación por irte de la
fiesta. Rolé los ojos y negué varias veces con la cabeza, el timbre rompió el
silencio.
– ¡Mierda! El cerrajero… -Tom, me
empujó obligándome a verlo a los ojos.
– ¿Qué carajos sucede aquí? –Me
exigió, le regresé el empujón para dirigirme hacia la puerta. -¡BILL! –siguió
susurrado. Caminé hacia la puerta y la abrí y un señor de menos de un metro
setenta apareció sosteniendo una caja de herramientas. Alzó la mirada para
verme.
–Ahora lo atiendo, Disculpe.
–Caminé de nuevo hasta el final del pasillo, mientras Tom me miraba atónito. Le
di unos golpecitos a la puerta. – ¿Khloé? Llegó el cerrajero. –La puerta se
abrió y su semblante estaba peor.
–Lo siento. –Salió mirándome
fugazmente directo hacía la salida, al pasar por la sala Tom la estudió con la
mirada y se encontró con el cerrajero. –Es en el departamento 1003. –Dijo con
voz débil, el cerrajero se dio la vuelta y ella me miró fijamente. –Gracias por todo
Bill. –Me miró completamente colorada. –Lamento haber sido grosera contigo, ya
sabes… alcohol. –Afirmé junto con ella.
–No te preocupes, ten por seguro
que mañana tendrás una buena resaca. –Reí, ella hizo lo mismo.
–Adiós Bill, Gracias de nuevo. –Me
observo apenada.
–No hay de qué. –Dio media vuelta
y se dirigió a su puerta la cual el cerrajero comenzaba trabajar concentradamente.
Estaba a punto de cerrar la mía cuando
me llamó de nuevo.
– ¡Bill! –La miré nuevamente
dándole toda mi atención. Se quedó callada unos segundos sin saber cómo
comenzar –Este… mira, como te dije estoy de vacaciones y en unos días me iré.
–La vi notablemente nerviosa. –La verdad, no conozco a nadie en los Ángeles.
–Cerró los ojos intentado continuar. –
¡Maldición! –Se
habló a sí misma. Temblaba más de lo normal y no me miraba a los ojos. Sonreí
nervioso, comencé a suponer cuál era su propósito. Miré a mi hermano y este
tenía la mandíbula hasta el suelo de pura impresión. – ¿Te gustaría ir a comer
algo mañana? –Habló tan rápido que me costó entenderle. –Para reponer el favor
que me hiciste. –Mi corazón comenzó a latir con fuerza, volví a mirar a mi
hermano fugazmente y su rostro mostraba
emoción e hizo unos ademanes con los brazos incitándome a contestarle a la
chica. Mi mente se quedó en blanco sin saber que decir, su mirada se fue
apagando poco a poco al no escuchar mi respuesta pero me había tomado
completamente desprevenido, de pronto sentí una fuerte presión en el brazo lo
suficientemente para causarme dolor. Salí de trance y mi hermano ya estaba
junto a mí para salvarme de esa situación embarazosa.
–No te preocupes hermosa, estoy
seguro que mi hermanito querrá ir a comer algo contigo. ¿No es verdad Bill?
–Tom me obligó verlo a los ojos y así lo hice, seguidamente miré a Khloé y
tenía las mejillas coloradas y seguramente yo estaba peor.
–Digo… Si tienes cosas que hacer,
lo entenderé y lo dejamos para otro día. –Contestó rápidamente. Me sentí mal
escuchar su voz entrecortada, pero no se reaccionar en situaciones así. Tom usó
un poco más de fuerza para hacerme
hablar.
–N…no, digo ¡Sí! ¡Claro!
–Tartamudeé y retiré mi abrazo de su agarre disimuladamente. –Mañana está
bien. –Mi hermano trataba de disimular
una mueca de emoción y no era para menos, ya que podría decirse que era mi
primera cita.
Mi hermano y yo nos aseguramos que el cerrajero terminara su
trabajo y después de eso Khloé entró a su departamento. Me aseguré de cerrar la
puerta con fuerza, la suficiente para hacerle ver a Tom mi molestia.
– ¡¿Qué rayos te sucede idiota?! -Grité fuera de mis casillas. Tom me miró sin
mostrar expresión, como era de suponerse se hizo el desentendido.
– ¿A mí? –Se apuntó a sí mismo. Lo
miré exasperado, odiaba cuando me respondía con una pregunta, me di la media
vuelta para irme de mi habitación, me había enojado que me haya obligado a
salir con esa chica. –Lo que realmente sucede, es que te morías de ganas de
decirle que si a esa joven. Te conozco. –Tom caminaba tras de mi rápidamente
asegurándose que escuchara cada una de sus palabras. Paré en seco y me giré
mirándolo a los ojos.
– ¡Como sea! Eso no te daba
derecho de meter tu gran narizota. –Mi hermano se mostró rendido ante mi
reclamo, pude ver como su mirada llena de seguridad se esfumó.
–Está bien, está bien… Sé que hice
mal en entrometerme. –Por fin aceptó y se recargó en el marco de la puerta, cruzándose
de brazos. –Pero no tiene nada de malo aparte, solo irán a comer algo eso no quiere decir que vayas a tener sexo
con ella. –Lo miré con asco.
– ¡Puede ser una Psicópata! -Le confesé asustado. –Tú no viste como lanzó
su cuerpo sobre la puerta de su departamento, tampoco fuiste testigo de ver
como lanzaba una botella de Vodka por los aires. –El fingió sorpresa ante mis
premisas.
– ¡Sí, te creo! Está tan
desquiciada que te invito a salir. –Luego se mostró fastidiado. –Bill, la chica
estaba borracha y solo quería tener un gesto de agradecimiento por la ayuda que
le diste aparte, no tiene cara de psicópata. –Lo miré rendido y me pasé la mano
por el rostro, Tom bufó. –Bueno tú ganas, mañana en la mañana iré a verla y le
diré que no podrás salir con ella, y te verás patético.
–Basta Tom, no me queda más
remedio que salir con ella… -Dije en un susurro. Sonrió triunfal.
– ¿Qué dijiste? –se colocó la mano
en el oído haciendo un ademán para escuchar mejor.
–Ya me oíste, así que ya vete que
quiero dormir. –Lo corrí de mi habitación.
–Después me estarás dando las
gracias. –Puse los ojos en blanco y cerré la puerta para tener un poco más de
privacidad.
Me puse mi ropa de
dormir, un pants gris con una playera blanca y me recosté en la cama, esperando
que Morfeo viniera a buscarme, pero al parecer este se retrasaría esta noche.
Cerré los ojos obligándome a dormir… Nada. Seguramente el sol no tardaría en
salir, mi mente seguida procesando lo que sucedió.

Me gustó bastante, está interesante la historia. Me avisas cuando subas el siguiente porque luego se me olvida. :D Saluudos Ales <3
ResponderEliminarHolaaa!!! Ya lei y me re gusta... saldrá kon una desconocida, histérica y ke le agrada beber en exceso komo a Thomas jijiji ke pasará en esa cita forzada, perdón, invitación a komer de ella??? YA KIERO LEER LA KONTINUACIÓN DEL KPI!!! besitos :) ♥
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