Al final de cuentas,
pude dormir hasta un poco después del mediodía,
deseé dormir un poco más pero no me sentía cansado, caminé con pesar
hasta al cuarto de baño. Me miré al espejo antes de entrar a la ducha y al
mirar mi reflejo en el cristal una
bofetada de realidad cayó sobre mí, en mi cabeza comenzaron a flotar un montón
de preguntas. ¿Cómo debía de
comportarme? ¿Dejaré que ella pague la cuenta del restaurante? Total, ella fue
la que invitó por estar, según ella en “Deuda” conmigo. –No seas estúpido. –Me
dije a mi mismo para posteriormente entrar a la ducha. Me bañe con calma, sin
prisas pensando en cómo me había metido en semejante situación, más que nada
estaba ATERRADO, tenía que aceptar que la chica tenía lo suyo y que la emoción
de mi hermano no era en vano. Me enrollé la toalla en la cadera y caminé hasta
el armario para decidir lo que usaría, la puerta se abrió y era Tom con un vaso
de jugo, tenía la cara algo hinchada haciéndome ver que también acababa de
despertarse.
–Buenos días. –No le respondí y
seguí haciendo lo mío. –Te traje un poco de jugo.
–Gracias. –Caminé hasta el para tomar el vaso. Cuando
Tom siente culpabilidad tendía a ser muy amable
y lo que menos quería era hacerlo sentir mal, así que
le di un sorbo al jugo nada más para demostrarle mi gratitud, pero realmente mi
estómago estaba revuelto por los nervios, pero no le dirigí ni una mirada.
–Bill escucha, si no quieres salir
con la chica no tienes que hacerlo. –Me llevé las manos al rostro. –Siento
haberte presionado.
–No Tom, no puedo dejar a la chica
así nada más. –confesé. Mientras
extendía la ropa que usaría en la cama, mi hermano se sentó en la orilla de
esta.
– ¿Tienes miedo? Has salido con
mujeres antes. –Trató de calmarme con eso pero él sabía que no funcionaría.
-Pero no en estas situaciones, a las otras las conozco y
sólo son amigas mientras Khloé… -Exhalé para explicarle con calma. –No sé,
tengo un presentimiento. -Tom se levantó rápidamente de un salto de la cama.
–Relájate, pasará lo que tenga que
pasar… Te dejo para que termines de alistarte. –Salió de mi habitación y comencé
a vestirme con cierta emoción.
Me paré enfrente de la puerta temeroso y le pegué dos
golpecitos.
– ¡VOY! – Escuché del otro lado.
Comencé a repasar por mi mente todos los consejos que me había dado Tom antes
de salir. Pude escuchar los pasos torpes de la chica acercándose. Y enseguida
apareció. Su semblante era cansado y ocultaba unas leves ojeras con un poco de
maquillaje sin parecer exagerado, pero sus ojos estaban cristalinos y
hermosos. Mi mente dejo de funcionar y
comenzaba a olvidarme como respirar, ella vestía unos pantalones algo
cortos y una blusa de un color claro y
una chamarra que la hacía verse increíblemente tierna.
–Hola Bill. –sonrió con y me saludó dándome un leve abrazo, sin pegar
mucho su cuerpo con el mío.
–Hola. –Coloqué mis manos en los
bolsillos traseros de mis Jeans, nos miramos durante unos largos segundos sin
saber qué hacer. – ¿Nos vamos? –Le indiqué. Ella
asintió mientras se colocaba un hermoso sombrero.
–Cómo eres mi invitado… –Dijo sin
mucha preocupación mientras caminábamos al elevador. –Yo seré la piloto de este día. –Paré en seco,
recordando la noche de ayer. Ella me miró desconcertada.
– ¿Estas Bromeando? –Dije un poco
exaltado mientras el rostro de la chica nada más emitía extrañeza. –He visto
como manejas, tengo veintiuno y no
quiero morir joven, tengo una vida por delante. –Dije mientras cruzaba mis
brazos haciendo un intento no sonreír. Ella hizo una rara mueca que no tenía
significado para mí.
–Pues, a mí me importa vivir en el
ahora y no me la paso pensando en lo que
pasará mañana, así que lo tomas o lo dejas. –Respondió firme, sin darme opción
de contestar. Tenía razón, ese era mi lema. –Deja de preocuparte tanto. –Me dio
un golpecito en el hombro antes de entrar al elevador. Le cedí el paso, como el caballero que soy y
ella me dio las gracias.
Ahí estábamos de nuevo en el lugar donde nos habíamos visto
por primera vez, apreté el botón que dirigía hacia el estacionamiento del
edificio y me coloqué mis gafas oscuras. –Solamente te quiero pedir una cosa
Bill… –Dijo mientras ella también se acomodaba
un poco el cabello. –Me gustaría
escoger el restaurante. Claro, si no te importa. Soy Vegetariana. –Mis ojos se
abrieron como platos ¡Vaya esta chica me estaba cayendo bien! Claro con la
excepción de sus habilidades de manejo.
-Me alegra saberlo Khloé, también soy vegetariano. –Sonreí
tímidamente. Ella hizo lo mismo, las
puertas del elevador se abrieron y caminamos hacia su auto, se veía más bonito
de cerca. –Un clásico, me gusta. –Dije mientras abría la puerta del conductor.
-Regalo de graduación. –dijo mientas se subía y encendía el
motor. Me coloqué el cinturón y aferré las uñas al asiento sin hacerle daño a
las vestiduras, ya que el sonido del motor sonó ahogado. Respiré profundamente
esperando a que la adrenalina corriera por mis venas.
El sol estaba lindo, sentí algo raro en el estómago… tenía
hambre, eran las más de las dos de la tarde y solamente le había dado un sorbo
al jugo de naranja que Tom me había dado. En unos de los semáforos aprovechó a
colocar el estéreo, sacó el casette y me miró. –Un favor, ¿me puedes pasar las
cajitas que están guantera? –Dijo seria, la obedecí y giré la manija del
pequeño compartimiento este se abrió, habían cajitas perfectamente acomodadas
con nombres escritos con una manuscrita perfecta. Leí rápidamente, Queen, The
Beatles ¿Janis Joplin? No quise verme muy observador así que se las di mientras
la veía con interrogante.
–Khloé... –Me aclaré la garganta y
ella no me miró pero me prestó atención, ya que se estaba demasiado ocupada con
la música. – ¿Alguna vez escuchaste de los
Cd´s? ¿Reproductores Mp3? ¿Ipods? –Ella soltó una carcajada encantadora.
–No soy anticuada, simplemente me
gusta lo clásico. –Metió el casette al reproductor y comenzó a sonar algo muy
de los setentas le subió el volumen y comenzó a cantar… al parecer era algo de
los Beatles… si, de ellos conocía sus voces y esa canción tan sugerente, ella
tenía las manos al volante mientras cantaba, bastante bien por cierto. Llegamos al estacionamiento del restaurante.
Se bajó rápidamente del auto dando pequeños saltitos,
parecía tener demasiada energía mientras
que yo bajé con algo de pesar, el restaurante era lindo, caminó rápidamente
hasta el interior y se posicionó en una de las mesas yo mientras yo iba tras de
ella tratando de seguirle el paso, un joven se le acercó y le sonrió con
demasiada familiaridad.
– ¡Hola Khloé! ¿Lo de siempre?
–Ella frunció el labio y se llevó un dedo a la boca.
–Estem… –Dijo
dudando. – ¡Sí!
Ensalada Toscana sin vinagreta y gran vaso a de agua con hielos. –La miré fijamente el contraste con el sol hacia verla más bonita,
ella me miró fijamente y yo hice lo mismo, alzó las cejas algo confundida. –Y
bien… –Sonrió. –Marc quiere saber qué ordenarás. –frunció los labios tratando
de ocultar una sonrisa. Me ruboricé al instante y lo disimulé mirando la carta,
ni siquiera la leí.
–Lo mismo que la señorita. –Intenté
hablar claro, ya que me moría de la vergüenza. El camarero nos sonrió y
desapareció rápidamente. –Nunca había venido a este restaurante, parece que a
ti te conocen bien. –Hable pausadamente tratando de hacer el olvidar mi
estupidez al quedar embobado con su rostro. Ella se acomodó en su lugar me
sonrió.
–Sí, llevo dos semanas viniendo diario
desde que inicié mis vacaciones. –Se aclaró la garganta, el tal Marc llegó con
nuestros vasos con agua con twist de limón, ella se apresuró a dar el primer
trago.
– ¿Resaca? –Sonreí intentando de
hacerle un poco de burla.
– ¡Bleh! –Agitó la
mano restándole importancia. –Han estado peores.
Nuestras ensaladas llegaron, platicamos
de todo un poco, Khloé era demasiado fresca, sencilla y con un gran sentido del
humor, su sonrisa era contagiosa. Después de la comida nos fuimos rumbo a la
playa, me entró un poco de nervios sin saber porque. Hablamos de música, tenía
un gusto “casi” impecable ya que no había escuchado ni una canción de Tokio
Hotel.
Mientras caminábamos descalzos cada uno con
sus zapatos en la mano ella se colocó enfrente de mí y comenzó a caminar de
espaldas mirándome sonriente.
– ¡Vamos Bill! Enséñame a maldecir
en alemán –Me pidió. Yo me negué ante su pegunta inocente, soltó una pequeña
sonrisa y me animó tocándome el hombro. – ¡Por
favor! –Juntó sus manos suplicando.
– ¿Cómo porque quieres aprender a maldecir
en alemán? –Ella dudó un segundo y se paró en seco.
–Como para descargar mi frustración, por
ejemplo. –Sus ojos casi se cierran por la gran sonrisa que me dedicó, yo me
volví a negar Khloé frunció la boca y se cruzó en brazos. Enseguida comencé a
reír.
–Está bien, está bien… La más común es “Scheisse” –Ella estalló en risas, me reí
junto con ella me agradaba. – ¿Por qué te ríes? –Pregunté al fin.
–Es que lo dices demasiado bonito y ni
siquiera sé lo que significa. –Rió,
negué con la cabeza.
–Significa, Mierda. –Me miró y se puso
seria enseguida curvó los labios en forma de “O”. Nos quedamos en silencio y
continuamos caminado unos segundos después…
– ¡SCHEISSE! –Gritó a todo pulmón, yo
pegué un pote y la miré rápidamente, me había asustado. Comenzó a reír de
nuevo. – ¡Vamos Bill! Descarga tu frustración junto conmigo. Aparte, lo dices
bonito. –Volvió a gritar, yo miré a mí
alrededor para verificar si alguien nos observaba, no era común escuchar a
gente gritar maldiciones en alemán en medio de la playa.
– ¡SCHEISSE! –Grité al fin. Khloé me miro
con un rostro serio, como si mi grito la hubiera ofendido. Bajé los brazos de
golpe, ella me miró mientras caminaba cuesta arriba en dirección al auto –
¿Qué? –Pregunté apenado.
– ¿Qué clase de loco eres para estar
gritando maldiciones en la playa? –Alcé las cejas incrédulo, curvó los labios
evitando una sonrisa.
– ¡Tú me obligaste a hacerlo! –extendí
los brazos dando la razón.
–Estás loco, yo no te obligué. –Por fin
sus labios se ensancharon y me miro burlonamente, aceleré el paso para
alcanzarla.
…
Comenzaba a anochecer así que decidimos
regresar al edificio, platicamos poco en el trayecto de regreso al parecer el
buen humor de Khloé había desaparecido por completo. Cuando llegamos ya era de
noche, estacionó su auto en el espacio que le correspondía y nos dirigimos al
elevador. Rápidamente recordé su rostro triste y pálido cuando la vi por
primera vez, la miré fugazmente y estaba completamente seria. ¿Qué la habría
puesto así? Las puertas del elevador se abrieron.
–Te acompaño hasta tu puerta. –Le ofrecí
amablemente.
–Gracias. –Sonrió con algo de dificultad,
sentí la necesidad de volverla a escuchar reír como en la playa, no pude evitar
a hacer una mueca disimulada. Y ahí estaba esa puerta otra vez, la razón de
nuestra cita.
–Espero que tus llaves estén en ese
bolso. –Ironicé, por fin sonrió y
suspiré agradecido por ese gesto.
–No te preocupes, esta vez no lograron
escapar. –Dijo mientras abría la puerta. Se paró a un lado de esta y me miró
fijamente. –Muchísimas gracias por todo Bill.
–No tienes que agradecerme. –Le pedí.
– ¿Quedamos a mano? –Preguntó
rápidamente. ¿A mano? Fruncí las cejas sin entender. –Por el favor de ayer. –Dijo,
recordándome ¡Vaya! era por eso. Asentí
rápidamente, no quería que cruzara esa puerta, sentía la necesidad de
estar con ella. Pude ver como entraba a su departamento y por instinto dejé
caer toda mi fuerza con la mano para evitar que cerrara, ella me miró con los
ojos como platos.
–Lo… Lo siento. –Tartamudeé. –Khloé… si
necesitas algo, ir a maldecir en la playa en otros idiomas o cualquier cosa que
se te ocurra. Por favor… –Rebusqué en las bolsas de mis pantalones, saqué la
cartera buscando una tarjeta con mi número. –Llámame. –Ella miró la tarjeta al
parecer debatía en su interior si tomarla o no, esa acción dolió pero al final
la tomó algo temblorosa. ¿Qué había
sucedido con la risueña de hace unas horas? Sonrió con pesar. Rápidamente se
acercó hacia mí para darme un fugaz beso en la mejilla. Mi estómago se oprimió
al sentir sus labios sobre la piel.
–Lo haré… –Eso fue lo último que dijo
antes de cerrar la puerta, me quede unos segundos tratando de digerir lo que
había sucedido.
Sentía mis piernas adormiladas, saqué las
llaves del departamento y abrí, Al cruzar el umbral Tom estaba envuelto en una
frazada con un bote lleno de palomitas al mirarme inmediatamente las dejó a un
lado.
– ¡Pero mira quien acaba de llegar! El
mismísimo Bill Kaulitz. –Se burló.
–Basta ya, Tom. –Me dejé caer en el sofá
junto a mi hermano, robándole un buen puño de palomitas.
– ¿Y Bien? –Me animó. – ¿Cómo estuvo?
¿Resulto ser una psicópata como decías? –Negué con la cabeza sonriente. – ¡Wow!
Mírate hermanito…
–Es increíblemente simpática. –Dije
intentando recordar todo lo bueno de la cita. –Me sentí demasiado cómodo con su
compañía, conduce terrible y es vegetariana. –Tom carraspeó incitando a que le
agradezca, él prácticamente me había obligado a salir con Khloé.
– ¿La besaste? –Preguntó rápidamente.
–No seas estúpido Tom, no la besé aunque
al final solo me besó la mejilla. –Sentí nuevamente raro el estómago al
recordar su contacto. Tom sonrió con suficiencia.
–Es oficial, tu primera cita fue un éxito
y todo gracias al increíble hermano gemelo que tienes. –Sonrió.
–No fue una cita, solo fue en
agradecimiento por darle mi ayuda. –Tom hizo cara de fastidio.
–Da igual… –Me aventó un cojín de la
sala, rápidamente le regresé el ataque me sentía diferente, como si nadie
pudiera quitarme la dicha que pasé en
esa cita.