martes, 7 de febrero de 2012

Capítulo 7 ~.Intereses.~




Debo admitir que el día había pasado demasiado lento, así que me alegraba mucho estar de regreso en casa. Abrí la puerta y las luces estaban encendidas, deje mis zapatos en medio de la sala, sabía a la perfección que mi mamá se molestaría por dejarlos ahí pero, estaba demasiado cansada para subir a mi habitación por unas pantuflas. Camine prácticamente a rastras por la cocina, en el refrigerador había una nota con la letra artística de mamá que decía: Frank y yo fuimos donde unos amigos, te deje la cena en el horno, come bien por favor. Atentamente… Mami.
Ella me había cocinado mi platillo favorito, eran fideos chinos con vegetables, tomé una botellita de agua mineral de la nevera, y comencé a organizar una maravillosa cena para uno. Tenía hambre había recordado que no había comido nada desde el desayuno, si mi mama se enteraba de eso me tiraría un sermón de tres horas, pero solamente comía cuando mi cuerpo me lo pedía y punto.
Subí a mi habitación y preparé todo para un baño relajante ya en la regadera, espere que cada musculo de mi cuerpo se des tensionara, me puse la pijama como pude, ya que el sueño me estaba consumiendo, después de lavarme los dientes, me acosté y me dormí en cuestión de segundos.

Entro por la puerta de la habitación, me miró y sonrió de lado.
-Esta vez no te ha costado trabajo dormir. –Por alguna extraña razón, no podía estar enojada con el Bill de mis sueños, pero la pregunta del millón era… ¿Por qué soñaba con él? Hubiera preferido soñar con el vocalista de Muse, mi grupo favorito o con Chris Martín el otro vocalista de otro de mis grupos preferidos. ¿Por qué Bill?
-Es que hoy hiciste que me cansara el triple. – Sonrió mientras miraba sus manos.
-Te dije que me tuvieras paciencia. –Negué con la cabeza
-Eres solo un producto de mi imaginación, en el fondo solo quiero que seas respetuoso conmigo.
-Te repito que esto es más real de lo que imaginas. –Bufé Todo esto era ridículo.
-No es cierto. –Discutí.
-Hoy hablaste con Tom sobre el tema. –Afirmó.
-Mi subconsciente seguro te lo ha dicho ¿Verdad? –No podía creer que mi mente incoherente, estuviera inventando cosas… Tengo miedo de ser anormal.
-Conmigo puedes tener un amigo… –Me desesperé un poco.
-¡¿Qué?! No me conoces lo suficiente como para ser mi amigo, ¿Sabes? Me sorprende hasta donde ha llegado mi imaginación me siento una Freak. –El agachó la mirada.
-Creo que no debí de decir eso. –Salió de mi habitación…

Desperté.
Toda la mañana, el sueño no dejaba concentrarme, comenzaba a sentirme mareada. Mientras bajaba las escaleras de la puerta del Conservatorio, ahí estaba Tom. Caminé con cierto pesar, mi día de escuela había estado pesado y lo que menos quería hacer, era incomodar a Tom.
-No tienes por qué tomarte la molestia y venir todos los días. –Dije mientras bajaba los últimos escalones.
-Quiero hacerlo… -Me miró a los ojos y quedamos extremadamente cerca, algo muy incómodo, desvié mi mirada de la suya. No quería ser un estorbo. -¿Te molesta?
-Simplemente no quiero retrasarte en algo. –Sonrió de medio lado y me abrió la puerta del copiloto. El me cerraba la portezuela mientras yo me abrochaba el cinturón de seguridad.
-¿Lista para otro gran día? –Me dijo emocionado. Yo reí sarcástica.
-Para un gran día sí, para un Bill odioso aún no. –Tom se puso serio, me sentí mal en ese instante por haber comentado algo tan malo, cuando al final de quien hablábamos era su hermano. –Lo siento, no quise decirlo así. Discúlpame. –Sonrió con comprensión.
-Bill no es así, no sé qué le sucede. En el fondo él es totalmente diferente a como lo conoces. –Nos quedamos en silencio, aun sentía todavía la vergüenza de aquel comentario. Llegamos al edificio y seguidamente nos dirigimos a las oficinas de David. Bill todavía no llegaba así que Tom se dedicó a instruirme un poco sobre la historia de Tokio Hotel, para ser sincera, había escuchado de ellos, pero no me sabía sus nombres ni los ubicaba por su rostro y no escuchaba su música, Tom me confesó que eran gemelos idénticos y que habían hecho de todo para ser diferentes, me sorprendí pero nunca comprendí eso de ser diferentes.
-Esta fue hace unos meses. –Tom y Bill se veían sonrientes. Tomó la foto y la volvió a meter en una de las cajas. Nos quedamos en completo silencio.
-Yo creo que ya es suficiente información acerca de mí. –Me miró con una sonrisa de oreja a oreja…
-¿Si? Quería saber un poco más. –Dije con pesar. Negó con la cabeza y me miró a los ojos.
-Madison, quiero saber un poco más de ti. –Me quede seria, no tenía la más mínima idea de que contarle.
-Bueno… -Me aclaré a garganta. –Mi vida no es tan interesante como la tuya, no hay mucho que contar. –Desvié la mirada. Mientras Tom me dedicaba una sonrisa.
-¡Vamos! debes de tener algo. –Me animó mientras estudiaba mi rostro. -Suspiré.
-Estem… Nací aquí… en Berlín y desde que tengo uso de razón, amo la música. Ammm… -Dije tratando de pensar. –No me he independizado, aunque sé que muchos de mi edad ya lo han hecho, todo eso se debe a la estrecha relación que tengo con mi madre, la adoro. –Alcé la mirada, para recordar un poco más. –Nunca conocí a mi padre ellos se separaron cuando yo tenía tres. –Tom respondió con un Hum… -Estudio en el conservatorio de música y me falta poco para terminar, el novio de mamá es el que financia mis estudios… y yo creo que ¡Ya! Es todo… -Sonreí. Tom se acercó, aun con dudas.
-¿Segura? –Yo asentí nerviosa, no podía mirarlo a los ojos. –Estem… y ¿Novio? –Me congelé a escuchar la pregunta y seguidamente mi corazón comenzó a trabajar desbocado.
-No, no tengo. –No pude más y bajé la mirada, mis manos comenzaron a sudar.
-¡¿No?! –Por un momento me llegó a asustar el reclamo. –Madison, mírate. Eres demasiado hermosa como para no tener a alguien. –La incomodidad comenzaba a sentirse en mi pecho. Así que era hora de contestar con otra pregunta.
-¿Tardará micho Bill? –El alzó la manga de su chamarra que le quedaba enorme.
-En veinte minutos. –Exhalé. –Pero no me cambies el tema. –Me animó. –Si vamos a trabajar juntos quiero conocerte mejor… ¿Qué son de tus galanes? –Todo esto era muy incómodo así que era hora de acabar de una vez por todas.
-Tom… -Lo miré fijamente a los ojos. –Mi novio falleció… en un par de semanas cumple dos meses de su partida. –La mirada de Tom se fue descomponiendo al escuchar mis palabras.
-¡Mier*Da! ¡Discúlpame Madison! Perdón, perdón, perdón… -Pedía disculpas tan rápido y había quedado completamente rojo de la vergüenza, sonreí sin ganas
-No te preocupes… todo tranquilo. –Lo calmé.
-¡Ya vine! –Era Bill, pero no venía solo, su acompañante era un hermoso perro. Siempre había amado a los perros pero mi mamá es alérgica a ellos. Sonreí.
-¡Oh por Dios! –Me acerqué al canino. -¡Eres Hermoso! –El perro comenzó a mover la cola y a darme unos cuantos mimos.
-Creo que le gustas. –Bill contesto amable. Era la primera vez que no me decía alguna mala palabra, y me dedicó una sonrisa. Quise responderle de igual manera pero reí como una boba. Qué vergüenza.
-Bueno, no tenemos mucho tiempo. –Intervino Tom. Me levanté y me dirigí hacia donde estaban mis cosas. Entramos al salón, como la primera vez Bill entro primero por la puerta y el único que me cedió el paso fue Tom. Los tres no sentamos en la pequeña sala que había dentro del salón. Me senté y saque de su funda mi guitarra con extremos cuidado. Tom dio un silbido sorprendido.
-¿Cómo es que tienes una guitarra de esas? A mí hasta la fecha me tienen en lista de espera para una. –Bajé la cabeza.
-El padre del que fue mi novio trabaja para Mason, aun así él tuvo que ahorrar tres años para poder comprarla. –Tom comprendió rápidamente de quien hablaba, mientras Bill admiraba melancólicamente la guitarra, un gesto muy extraño que no había visto en él.
-¡Wow! –Tom le soltó un silbido al objeto como algo divino.
-¡Ya basta! Yo no vine a perder mi tiempo. –Espetó Bill y ahí el encanto con el que había llegado oficialmente se había ido.

1 comentario: