martes, 7 de febrero de 2012

Capitulo 8 ~Coca-Cola y Papas Fritas~




Estaba más relajada en esa habitación con Tom presente, Bill en esta ocasión estuvo participativo, incluso la melodía y la letra estaba naciendo a la perfección. Trabajar sola con Bill me intimidaba, pero ahora se hacían bromas entre los dos, su relación era excelente. Bill se mostró pensativo y se colocó un dedo en el labio.
-Creo que esta frase viene sobrando… ¿Qué opinas Madison? –Lo miré con ojos de sorpresa, era la primera vez que me pedía mi opinión. En mi mente repetí la estrofa.
-Tienes razón, podemos intentar y ponerlo en el puente. –El se quedó pensativo un segundo.
-¡Genial! –El sonrió de oreja a oreja. –Me gusta. –Tom me miró con una sonrisa de agradecimiento. Las cosas eran más fáciles cuando los dos poníamos de nuestra parte.

Al paso de los días todo era “normal” Tom y yo platicábamos todo el tiempo, mientras con Bill simplemente hablaba lo necesario, no volvió a tratarme con desplantes, incluso ni hablábamos, solo cuando era hora de componer, la convivencia era extremadamente natural. Tampoco soñé con él en días. Nunca me dio lo buenos días, incluso no respondía a mis saludos, es como si yo fuera invisible y a la hora de componer mi presencia ante él emergía mágicamente. Yo ya me había acostumbrado al hecho, así que no dejar que eso me afectara, como siempre Bill se mostraba cansado al cabo de un rato, y al final me quedaba trabajando con Tom.
-Creo que es todo por hoy, estoy ansioso por grabar la primera. –Yo guardaba mis cosas en mi bolso, para luego colocármela en el hombro.
-Va a ser divertido. –Había grabado antes algunas canciones para tareas en el conservatorio, pero era la primera vez que lo hacía como trabajo, la música me encantaba tanto que yo también estaba ansiosa.
-Madison, vas a creer que soy un atrevido. –Me miró algo sonrojado, no entendí su reacción. – ¿Te gustaría ir a comer algo? –En mi mente embargó la confusión.
-Emm… ¿Ahora? –Tom me caía bien, pero no quería que pensara que él y yo…
-Digo… si puedes y quieres. –Sentí vergüenza, soy una persona que no sabe decir no.
-Está bien, pero no puedo llegar tarde a casa. –El sonrió.
-Prometo no dejarte muy noche. –Me puse mi abrigo y mi bufanda.
- ¿Nos vamos? –Yo asentí. Nos fuimos y llegamos a una cafetería que estaba a unas cuadras del estudio.
-No entiendo porque te cubres tanto, así llamarás más la atención. –El me miró apenado. –Tom por favor, no seas ridículo.
-Está bien, pero si me reconocen, no me hago responsable. –Discutió
-No tienes que hacerte responsable de nada, aparte la cafetería está vacía ¿Qué no ves? –El miró del lado de mi ventanilla.
-Bueno, bueno… no me regañes. –Yo sonreí.
Al bajar a la cafetería una señora regordeta muy amable se nos acercó pidiéndonos la orden.
-¿Qué van a ordenar chicos? –Tom miró el menú intentando decidir.
-Voy a querer una Coca-Cola y una orden de papas fritas con salsa de tomate. –Seguidamente los dos me observaron. Rápidamente estudié la carta y ordené lo primero que vi.
-Para mí un café y una canastita de galletas. Por favor. –Tom me miró con una mueca.
-¿Solamente comerás eso? No es nutritivo. –Yo bufé
-Lo que ordené es más sano que tu Coca-Cola y las papas fritas. –El rió.
-Tienes razón. –Entrelazó sus manos y se acomodó en el sillón. Me moría de curiosidad por preguntar así que no lo pensé dos veces.
-Tom… -Este me miró con atención. - ¿Qué es lo que le sucedió a Bill? –Automáticamente su semblante cambió.
-Hace unos meses Bill se vio muy enfermo, realmente me asusté, porque somos muy unidos, que no me imagino una vida sin él, Bill demostró una valentía inimaginable. Al reponerse le di muchísimas gracias a la vida por tenerlo aun a mi lado. Muchos saben que somos unidos, pero no se imaginan cuanto, el es mi mejor amigo… mi confidente. –Me sorprendí al escucharlo expresarse así de su hermano, y me sentí mal porque me quejaba siempre con él, si Bill me contestaba feo o algo. Nada más pude sonreír.
-Aquí tienen su orden, pequeños. – La mesera regordeta nos entregó lo que habíamos pedido. – Disfrútenlo. –Tom le dio las gracias.
- Discúlpame si un día te hice sentí mal con mis quejas. –El negó repetidas veces con la cabeza mientras tomaba un sorbo de su Coca-Cola.
- Mi hermano es muy orgulloso, y la música es nuestra vida. Le costó muchísimo trabajo, ya que quería hacer las cosas por el mismo. –Me moría de ganas por preguntarle de que se había enfermado, pero sentí que ya le había preguntado demasiado. –No te sientas mal por eso, ya he hablado con él al respecto. - ¿Lo había hecho? Qué vergüenza.
-Te lo agradezco, va a creer que no se defenderme. –El sonrió burlonamente.
-No, Bill entendió a la perfección pero para que estés tranquila, no le caes mal.
-Te agradezco que me lo digas, no puedo soportar caerle mal a alguien. –Era la verdad, yo era la persona más pacifista del mundo, no me gustaba llevarme mal con nadie.
Cambiamos de tema así que nos pusimos a hablar de cosas sin importancia. El tiempo se fue volando, Tom me gustaba, pero no como para tener algo más, si no que era una persona que podía ser mi amigo fácilmente, nos llevábamos excelente.
-No me gusta el Rap. –Dije con asco.
-Madison… Eso también es música. –Me miró ofendido.
-Yo no digo que no sea música, simplemente no me gusta. –Miré el reloj, ya teníamos dos horas en la cafetería. –Mi mamá debe estar preocupada.
-Es verdad, se me pasó el tiempo volando… -Busqué en mi bolso algo de dinero para pagar el café y mis galletas, tomó mi mano evitando que pusiera el dinero en la mesa.
-No te molestes, yo invito… -Dijo con una sonrisa. Negué con la cabeza.
-Pero… -Intenté discutir.
-Me ofendo si no me dejas pagarlo, yo te invité ¿Recuerdas? – El dejo un par de Billetes en la mesa y esperó a que yo me levantara de mi lugar… al salir estaba comenzando a nevar y continuamos la plática musical hasta llegar a mí destino.
Me dejó en la puerta de mi casa.
-Gracias por acompañarme hoy. –Dijo Tom agradecido.
-A ti, nos vemos mañana. –Me despedí con la mano y entre extremadamente cansada… pensando nuevamente si esta noche volvería a soñar con Bill.

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